miércoles, 20 de septiembre de 2017

LLAVES IRRESTAÑABLES

Imagen cogida de Pinterest






LLAVES IRRESTAÑABLES





Adentro de los jardines del sueño los rojos pájaros del tiempo y sus locas historias de silencios y sus muchas palabras en el claustro de las entrañas: divagamos mientras mordemos la boca de la muerte cuando los juguetes se nos hacen inasibles y la sangre aciaga de retretes en el reloj disuelto de la oscuridad el umbral de las dos caras de la moneda el dolor de la rama de tinta sobre la hoja pálida de cuanto se escribió al borde del fuego (supongo que hay un lugar común para lo impalpable mientras se restañan los pasillos del aliento después todo es definitivo en el suicidio igual que el niño dormido en la ceniza igual sí al sueño llegado para siempre cuando siempre es el hueco de la madera presta al sarcófago) —Quizás todo deba quedar deshabitado la luz y el ojo ciegos de tantos nombres recordados: ahí en el sereno expectante de los horcones las llaves irrestañables de las puertas salvo el musgo con su enloquecido desbordamiento y de todo y de mutuo los espejos quebrados como un mueble avergonzado por su uso ignoro mientras el tile roza mis manos si quemarme es parte de la materia irreparable o solo un siempre como tantos tiliches ignoro si aquí con la estatura de la hojarasca habré de seguir callando todos los muertos o solo ahora o solo mañana o siempre cierto es que he aprendido a olvidar muchos olvidos muchos acaso que nunca supieron de bautismo ni llegaron a ser peldaño de la risa nada nuevo hay en las hojas podridas de la humedad todo aquello que ardía se perdió entre mis dedos: cada tarjeta postal o misiva es sólo mueca envuelta por el polvo —perdimos por completo la exactitud de los bolsillos y en cambio alargamos el granito de aquella vigilia de inmundicias (yo solo quería entregarme a los trenes y colgarme del don de sus ventanas morder el aire abundante de sus urgencias beber el riel líquido de lo remoto y suspirar como un niño en sus relámpagos claro que el insomnio vuelve las cosas irreconocibles no hay tamices ni filtros ni amuletos para socavar los ojos de rapiña de la almohada hay mareas como un tambor de herrumbre en medio de mis ojos y mi ropa) si algo queda en las uñas después de todo es el frío y su sal de desvarío…
Barataria, 2017



lunes, 18 de septiembre de 2017

OBSCENIDAD DE LA MEMORIA

Pintura de Liubov Popova, 
cogida de Pinterest






OBSCENIDAD DE LA MEMORIA





Vuelvo a esa sed hostil de mis infancias mientras me hundo en el témpano de las semanas en el temblor de los nudos descarnados de los mecates en las sordas y amordazadas eyaculaciones del perro de la otredad de las criaturas que no se encuentran en la noche y se pierden en la hoja de obviedad de los sarcófagos  y se descarnan en las zanjas caníbales de la nostalgia sin que se escuchen los gemidos de las palabras y la fatiga de las orillas del país y el señuelo hondo de las seducciones a deshora (las infancias y su rostro de pesadumbre algunos pájaros muertos desacostumbrándose de la furia amarillenta de la noche las infancias y sus tempranos muertos las infancias raras e insostenibles) —siempre supuse que amarte con palabras era de lo más fácil pero las palabras son insuficientes en un rostro incontable aquello me hacía levitar sobre la hoja de papel desordenada en mi saliva enloquecían las eyaculaciones al lado de la herida agonizante de la desmesura aludida en lagunas calles los gritos sordos de los muertos y las escarpadas distancias del aliento en el precipicio del nido una queja como litoral a punto de ser sólo una mueca en la tempestad danzan las muletas del alfabeto mientras se arquen los huesos del murmullo: a veces es vasto de espaldas el arcoíris o el grosor de las sombras que llegan a las pupilas las aguas insomnes de la misericordia el musgo vertical de las viscosidades el pez óseo líquido que se encrespa debajo de las cobijas del sueño únicamente me queda el clavo de los miedos y la cabeza fervorosa del ajo inclinado hasta tocar tierra en el pasmo de la respiración a cuentagotas se nubla la Gracia hasta convertirse en tragedia (claro esto es el residuo de tantos golpes) pesan los desasosiegos aunque estén flácidos de tanto andar pesa la carne anclada en el recuerdo pesan los argumentos y los múltiples arrebatos cuando sangra el pasado con sus caminitos de luna derruida —en algún lugar me pierdo en las ramas de humo circundante desciendo con lentitud al olor de la noche: son agrios los relámpagos e hirsutos los vagones de agonía de mis fotografías son indecibles los alrededores en los que enmudezco de inmundicia: luego pienso en los zapatos de la infancia y su errante olvido también en el rinconcito roto de todos los nombres filiales (en cada calle la penumbra y su antifaz)
Barataria, 2017

domingo, 17 de septiembre de 2017

CANTO CIEGO

Imagen cogida de Pinterest





CANTO CIEGO





Frente al cielo líquido de ceniza las extremas obscenidades de la alegría y ese espejo roto de mil cabezas: una sombra y otra me lleva a tardías migajas de tiempo (sé que a veces resulta necesaria la estupidez de la angustia los chorritos de dolor que se desploman en las sienes el cajón de tiliches con sus respectivas colillas las múltiples escaleras que endurecen los zapatos lo grotesco de los lupanares en la boca) pero yo voy recogiendo enjambres lamiendo el reclamo de los cuchillos a veces mordiendo las huellas de las coces con esa irreparable dulzura de moribundo uno de pronto se subleva ante el sollozo empalagoso de las funerarias otras veces acuclillo en mi aliento la lejanía hasta disolverla junto a los relámpagos (mañana sólo recordaré tus manos y la lección de legumbre de tu vellosidad)  —nunca sé lo sucedido en las piedras rotas de la historia ni en la lluvia de muertos depositada en las alcantarillas: cada vez me devora la geografía del país sus despojos sordos y ese próximo desaparecido sin cuerpo sin identidad, sin nada bajo ciertos techos sin embargo hoy más que nunca tiene vigencia la usura los párpados líquidos de la desnudez y los mecates amargos de las heridas y las larvas que crecen de manera antojadiza en realidad uno camina para ganar tiempo y territorio a cada una de las noches olvidadas después sólo nos queda el chillido de la madera cuando baja a donde se acaban las palabras o al menos donde se juntan con el vacío y la arista muerta de las caricaturas y aquella mortaja de flor endurecida por el filo oscuro del búho (la nada nos da sus pájaros en los espejos sus manos descomunales de aire su mapa de lázaros y rituales)  —intento cambiarle nombre a la melancolía disolver las llaves del recaudo regresar a la luminosidad de los rostros de antes y que jamás el frío descienda a mis huesos: entonces sí habré logrado el olvido y cerrado la puerta de la ropa imposible el sabor del hambre trepa y susurra su torpe inocencia y deshace el granizo de los andenes (aquí ya he olvidado el guacal de las viejas deudas luego sobre el antiguo fuego la costumbre de morderme las uñas hasta que sangra la boca) harto el ojo de los sollozos me queda el absurdo del mundo gravitando en tus pezones pero amo esa geografía del despilfarro…
Barataria, 2017

sábado, 16 de septiembre de 2017

FILME NEGRO

Pintura de Jaume Pinya (Pintyerest)






FILME NEGRO





En realidad me rehúso a pensar en el infinito cuando me hundo fácilmente en la boca de los crisantemos o en ese vacío que dejan los juegos de la subsistencia escribo desde el resbaladizo horcón de la angustia entre culpas clavos hoguera y un frío donde tampoco caben las moscas en el pétalo dolorido de mis rincones: al filo de las estridencias y lo pegajoso la escupidera de la boca como un lanzallamas de la otredad (solo recuerdo la desnudez de los sostenes y aquel plus de mi sombra al abrirse el tórax lo demás es la muerte de mis ojos la gota de dolor que naufraga en los grifos) de pronto aquella melancolía no llegaba ni siquiera a simulacro a puras penas a lo prosaico de un lagrimeo inverosímil roto el espejo en las manos las tumbas animadas de los filmes negros o los poquitos de ungüento para el delirio o los mudos acordeones de la sonoridad irretornable siempre han sido iguales las substancias del desvanecimiento esas artes roncas del engaño la rabia indispensable de las uñas (en cada uno de los activos de la contrainteligencia toda palabra es demoníaca y no las hay de consuelo cada quien es una bestia herida a merced del olvido)  —vos me amarrás con las crines del reproche y hacés mapas macerados de tumbas y enrojecés de oropeles los que me dan furia y me hacen enloquecer de rabia ante tales perversos y extraños sufrimientos los armarios imposibles de la insensatez y el veneno que nunca falta como mecanismo de terror (en última instancia son extrañas las emboscadas y el aliento tardío del amor y el fúnebre tormento del deseo) me imagino que el contratiempo pierde sus bragas porque el país me castiga con su abandonada desnudez en el falso aprecio salen a relucir las espinas y los tropezones acurrucados del hastío y la fiebre aviesa de los vértigos ahora hay acumulados kilómetros de moho con los cuales se zurcen las congojas y golpes de pecho los poros macilentos del ciempiés en anaqueles suicidas los candelabros de peces muerden crepúsculos y esa preñez orquestada de la ternura ahora camino con mis ojos torturados todo languidece como el chorrito de agua en el estrépito de una gota (sólo espero que se zambullan las alambradas y que la oscuridad no rasgue los pómulos ni los párpados que el bostezo de culpas sólo sea transitorio)
Barataria, 2017

viernes, 15 de septiembre de 2017

HUMO GRIS

Pintura de Antoni Tapies, cogida de Pinterest





HUMO GRIS





Ya sin los incendios nos queda el museo de la garganta para entender las distintas tormentas del aleteo los insomnios subterráneos sin los atajos cotidianos quizás nada exista en los aleros de décadas de agujeros: tampoco hay fábulas detrás de la nostalgia si acaso el humo prolijo de lo inasible ese otro vivir culpable de las monedas hasta el punto de pervertir las rodillas  —nunca hubo certidumbre en cada boca que crecía cada cuerpo se fue quemando en el sendero de la discordia (fue siempre como una cárcel de amargas palabras) siempre estaba ahí la cercanía inexacta la envoltura de los vahos y algunos desvaríos propios de la infamia (nunca avizoré el subsuelo del martirio ni esos ojales encarnados del grito ni la tormenta de granito en pequeñas dosis) uno siempre está a merced de las sombras a las rasgaduras del aliento y a las baldosas de ciertos imaginarios a menudo hay un complot de ojos o de respiraciones repugnantes que impiden la transparencia de las ventanas a estas horas sólo el cuchillo de la angustia y sus posibilidades de grito a la vista se aleja como el tropel del viento no queda ninguna fotografía de lo real salvo el cuerpo doliente de deseos lo irreal que lleva consigo la bocanada de humo que sale de la boca los colores anulados de las semanas el reloj obligado a suspirar dentro de mi sueño (los miedos y la vigilia siempre están a la orden del día)  —uno no inventa los límites ni la palidez de una lágrima hambrienta ni un pájaro sin alas tan ciertos como los estremecimientos del subconsciente o el trasfondo de las aguas servidas del malhumor: todo queda en promesa tras ver las colillas de los sueños justo cuando los párpados se cansan de ese mundillo fiero del país cuando el prisma del cierzo ha acumulado oscuridades y la ropa abre mundos putrefactos y extrañas interioridades pienso en el árbol sin hojas de los muertos: no existe una gramática para escribir todo el hastío ni lo irreal que suelen tener ciertas vivencias crecen los ascos en los orificios del fuego: todo enloquece en la fiebre de la garganta en los mingitorios nunca falta esa musiquita insidiosa que sólo se apaga cuando acaba la vida (veo la huella del tiempo en el espejo)
Barataria, 2017

jueves, 14 de septiembre de 2017

ESTRECHEZ DEL SUEÑO

Pintura de Rhenda Saporito (cogida de Pinterest)





ESTRECHEZ DEL SUEÑO





El cadáver del día es sólo un animal sacrificado para robarle la ebriedad a las abejas de a poco nos queda un caballo de flautas rotas entre las manos un rompecabezas de amarillas apoplejías o una mosca de hostias jugando a la lotería a ratos nos burlamos de las farmacias y de la complicidad de las lombrices en los crímenes de lesa humanidad ahora cada quien resucita según su dignidad ahora pienso en los ungüentos en medio de paréntesis toco impúdicamente las alambradas mientras pienso en todas las deudas acumuladas de la silla eléctrica: es para sumarse a las paranoias y morderle la cola al perro que le ladra a la demasía a esos interminables féretros del aire a los excrementos esponjosos en los andenes al deseo oral de trotar en las calles de recuperar el límite equino del deseo deshacer incluso el cigarrillo y las aporías ideológicas de las infamias reprimidas a veces sólo es cuestión de ver el punto de apoyo de la hoja y el discurso imaginario de la orfandad que se rehúsa al hambre o la congoja de la madre ante el hijo desaparecido (siempre me desayuno con el Evangelio o el discurso de las ausencias con el titubeo de la niebla o el humo con todo el olvido de los tobillos y los radicalismos de las censuras: no existe un pluscuamperfecto a la hora de morir en las tragedias inmediatas de los anacronismos ni el corazón es capaz de hacer su propia introspección) —nos duele el génesis absoluto de las catacumbas los manifiestos egocéntricos del sexo y los dramatismos más allá de las axilas ante la respiración sádica y déspota de los sueños cedo mis tropeles a los usurpadores a los que siempre les duele el aliento: a cada ojo lo invaden enormes lejanías vigilia de huesos y lacayos el tumulto del polvo me golpea con su puño ahí las extensas jornadas del frío y las discusiones estériles sobre el engaño y el sopor de la uña de la marea a ratos sólo vos golpeando mis ijares como lo hacen los establos cuando desmenuzan el estiércol como lo hace el país con sus vejaciones a ratos las palabras solas y su transitorio sosiego: —vos que procedés dolida de la noche y celebrás frente al espejo las efemérides de la ceniza junto con la luz hurtada de las lámparas: aquello sólo era la ulterior lección de sal…
Barataria, 22017

martes, 12 de septiembre de 2017

ESCRITURA

Pintura de Marc Chagall





ESCRITURA




A Carlos Calero, Rudy Alfonzo Gómez Rivas y Melvin Aguilar,
por la piel roída del poema.




En el fondo de la duna del mediodía las palabras errantes abiertas al paroxismo de la sangre: ya se ha bebido la noche siguiente en el abrevadero del ojo balbuciente de escritura pero queda abierta la arcilla a las conversaciones de los techos dislocados de la locura y deshacer la otra orilla húmeda de los parques en donde la ternura anónima pasea sus utensilios hasta diagnosticar los sobresaltos de las semanas (un pájaro solloza antes de ocultarse en la ávida boca del asfalto) de un modo u otro arden desnudas las luciérnagas en las manos: esas palabras sin fatiga que se estiran como peces ese asilo de aullidos invisibles cuando ruega la tormenta de la tinta y quema la garganta —en algún lugar existe un cisne de viscosas azucenas y cazadores aferrados al estremecimiento en adelante devoran los espejos la suma de los años las muñecas de trapo de los rectángulos y la historia del tiempo que no es muy diferente a la historia de los ojos (cada quien abre la promiscuidad de la escritura salpicado de cobijas y pronuncia extraños candiles en los bolsillos y recuerda la ternura de las bocas en las calles y las excomuniones de tantos olvidos como menesterosas antípodas y torbellinos de éteres muertos y cucharas perseguidas de candelabros) en el “camino de las paradojas de la mandíbula la arena de la muerte y su pasto sosegado” igual que lo hacen las miradas tristes de los lavabos o aquel vacío de ciego trueno a las puertas del que sueña con los recuerdos: alrededor claro nunca faltan los coágulos de los agujeros y una guarida de espejos empecinada en los despojos de revólveres rescatadas las mariposas del postigo la reliquia feroz de la tinta ennegrecida por los estrépitos del mercado en el antro de la sombra hay una ventana de graznidos entreabierta a la sed de candelabros es quizás el abrelatas del delirio en su desván de bebidas oscuras o ese otro mar oído desde el hambre de las venas…
Barataria, 2017

lunes, 11 de septiembre de 2017

OJO SOLUBLE

PINTURA DE JOAN MIRÓ, (PINTEREST)





OJO SOLUBLE




En este ojo soluble de los objetos que caen al vacío aquellas arqueologías de los sueños o las consonantes anchas de la memoria: me olvido de los sarcófagos y de las demencias ciegas desteñidas que pululan alrededor es para buscar un cofre subterráneo y guardar ahí todo el luto que se nos da a manos llenas las diademas moribundas de los cabellos las proclamas perpetuas de la desnudez sacudir las heces de la tristeza o exhumar todos los mensajes subliminales de la rosa de ese confín que horada la ternura (ciego el frío hace su labor despreciable) me rindo en los muelles muertos del entrecejo sobre el paisaje en el ensimismamiento de las poluciones es cruel el pedazo de uña que atrapa la miseria es cruel el descenso a los resumideros del moho sobrevivir a tanto día implacable entre sombras suicidas y cementerios sin rostro y sin alas es cruel el semen disperso reptando sobre lo inminente la navaja de afeitar envuelta en una mortaja me desespera el agua de humo de los pájaros me duele el diente colgado del hambre me duele el frío del país en las mañanas y las noches me duele el incremento de las puertas cerradas y los brazos inermes —a veces sólo quiero olvidarme de mis recuerdos y de la lengua pronunciada en tu quemadura en la embriaguez de miel de tu trópico en todos esos demonios que rocían de guitarra tus senos en cada flama de los sonidos el telar y su disonancia de árbol caduco la sangre y los sujetos anónimos que la habitan siempre estoy despierto frente a la crueldad: a veces es sólo una línea pálida venida a mis ojos desde el umbral un desastre de ventanas una rama estéril de nuestro tiempo o sólo un sobresalto de estrujados relojes o sólo el libro desvelado de la muerte amargo en el poro de ataúdes siempre hay minutos inciertos durante el estallido del sexo: embriaga el alarido de los vómitos mientras se anula el espejo de la angustia después de todo el descubrimiento de la noche me quedan los peces de luz en el agujero del tórax me queda la evidencia del filo y sus coléricas heridas (todo acaba siendo envejecida memoria e hilo de ojeras arrastrado por el fragor de las pupilas: ante cada día la inocencia acaba siendo sólo esa noción de lo que uno ha perdido)
Barataria, 2017

domingo, 10 de septiembre de 2017

RESCOLDO DE SAL

Pintura de Joaquín Sorolla y Bastida (Pinterest)





RESCOLDO DE SAL




En el rescoldo de  estos años las menudencias también de la memoria y su áspero sabor a filo de escarcha a puñal de escalofrío o a agujeros obstinados de espejos: siempre es así cuando uno escarba en las monedas y el ronquido de las migajas muerden el paladar cuando el moho nos escucha crece el puñal desesperado de la tempestad crece la noche en el cuaderno del paladar la pastosidad del empalago hasta no sé qué juegos de esquinas a veces sólo es cuestión de transitar sobre los caminos torcidos del país adivinar la negación de la credulidad lamer las fornicaciones de las páginas del desvarío o pensar en la hoja amarilla que golpea sutilmente las pupilas a menudo me quedo aborto frente a tanta perversidad a las preguntas ciegas de los no videntes de espíritu a la plaga de saliva a ratos con matices de efervescencia: me duelen los ensimismamientos y miserias el pedazo de escombro de las culpas en la conciencia y hasta esos sopores que amenazan con una eternidad —a veces es sólo pena ajena esa vía de escape de la maledicencia quizás los golpes insomnes de sal y el vacío que traspasa cualquier mirada —siempre resultan raras las escuchas del sufrimiento a lo largo de todas las semanas ya no digamos jugar a la cetrería y a los ayunos mientras te asestan una puñalada en la espalda: mi único afán es escribir y llevar los brazos abiertos y en lugar de extravíos sólo abrir los ojos lo necesario para regocijarme en la palabra ante lo adusto peregrino junto al asombro y agradezco a la página que exige mi silencio tanto en lo hondo como en lo descampado del fuego no me pronuncio frente a las calles de la deriva a parte de la rosa a quemarropa que me embriaga yo camino hasta donde me alcanza el juelgo procuro afirmarme sin que mi presencia cause escozores desmedidos de ahí que en mis inviernos no haya cabida para los gritos ni exposiciones suicidas como los incendios pero también es cierto que no se puede con toda la simulación de las pesadillas ni con los colmillos de lo fatuo ni con ese infierno retorcido del odio ni con los peces degollados al capricho propio (todo es tan decadente que no queda nada para desasir: una sombra y la otra engendradas en la noche)
Barataria, 2017 

viernes, 8 de septiembre de 2017

IMPOSTURA

Francisco de Goya " Socorro " c. 1812 
Museo Nacional del Prado. Madrid.





IMPOSTURA




Si acaso algo me queda es la sospecha junto a los escapularios en vitrinas: no me fío de las vehemencias ni en esos sofocos a ultranza sólo creo por cierto en la cizaña que se pasea todos los días en medio de las aglomeraciones hay un gargajo de soledad empozado en la garganta y el moho enroscado de monotonías de mis exasperaciones; ahí el horizonte hundido en el hueso negro de algún misticismo o quizás un rincón donde un blues me recuerda algunas noches de letargo y tabaco (en el pecho es el aroma paralítico de mis arraigos telúricos y su hambre amenazante: sobrevivo como lo hice en aquellos fríos y nevados bosques del Mount Hood siempre me resultan extraños los nudos de montañas como las de Utah y el tropel de uñas aterradoras de la patria de pronto la vastedad de tantos olvidos no deja de ser cuerpo de alfileres y agudos escombros) uno entiende que las pupilas también gritan frente al suplicio o como toda niebla niega la claridad absoluta desde siempre el asfalto resulta una rosa enemiga a mi ardor de pájaro en la cornisa de una ventana de tile  —en el traspatio con telarañas no está tu cara sino esa implacable herida de vendimia desfigurada casi en ruina después del hartazgo uno se resigna a la indigestión e incluso al juego macabro de las suturas y a ciertos lugares del subsuelo siempre la ternura ha sido mi mayor extravío: después se siente todo el dolor de la penumbra los goterones de plomo de las ojeras y las monedas deformes de la deriva ahora ya no sé si en las piedras residen las mortajas o es otro ardid permisible para empolvar las cerraduras de la propia casa en las fotografías de la muerte permanecen las quemaduras de la infancia y los demonios recién vistos en el espejo al parecer nada tiene sentido aunque se aligere el paso ante la entrega solamente el orgasmo dislocado en tus muslos lo inútil a menudo de la sed (en lo remoto la espina ciega en el alma disfrazada de catecismo y más allá la sombra de tizne y el hervor del despeñadero: para todo lo llovido tengo todavía el combate mi castigo es seguir ahogándome en el huracán de las libélulas de mi tristeza o en la impostura de las semanas del invierno) claro recuperada la cordura todo tiene sentido
Barataria, 2017

jueves, 7 de septiembre de 2017

VERSIÓN DE OJOS

Pintura de FRANK DUMINIL, cogida de Pinterest4






VERSIÓN DE OJOS




No hay respuestas aunque abra el ojo más allá de tu cuerpo y queme sin sueldo las semanas todas estas semanas de espantapájaros de esquinas con publicidad donde ríen espléndidos los andrajos si acaso sólo el incendio de espejos esqueléticos y palabras que han perdido el sentido de panadería que tienen las pupilas: siempre resultan terribles las sombras de la perplejidad y ese humo inútil saliendo de la boca en las mañanas también son inútiles las puntas del cierzo a la deriva del grito putrefacto en la gota disecada del colapso o en la rata abisal del hueco de los cadáveres en los caballos infinitos del pétalo no hay tregua para los rompecabezas del sollozo ni para esta inocente forma de andar los ahogos de las calles —¿qué hay de tu aliento largo de galope que se pierde en los poros helados de tu cuerpo? ¿qué de los crímenes extenuados de la racionalidad del presidiario que se masturba frente a la muchedumbre? siempre la jaula y sus jardines abortados o las bocas alucinantes de la cinematografías (a veces sólo el rictus como  Aureleano frente al pelotón de fusilamiento) vuela el perro en medio de la huella de la nube las rutas efímeras de la saliva aquella virginidad monstruosamente decapitada rota de raíz sin resultados lúdicos sobre la espalda las bocas paranoicas del odio y las tumbas de lo sublime y el hipo como un discurso de lámparas intermitentes y los rostros de yedra de la negrura a ratos el amor es únicamente la escupidera de la irracionalidad la puerta del silencio terrenal con las pesadillas envolventes de la ceniza en la última versión de los ojos la zozobra que nos niega una lengua correcta para entender la tempestad del azúcar o en todo caso atravesar las perturbaciones sin que haya necesidad de arrastrarse en estos días de excesivos aullidos dentro de poco tiempo tampoco tendrán huellas los escombros: habremos hecho la digestión con murciélagos sedientos de oscuridad dicho lo inefable nos queda el albergue de los mingitorios y los condones desparramados del fuego del otro lado los cementerios y la diadema de sal de los sueños y los párpados agrios de una lágrima con su perpetua cópula
Barataria, 17.VIII.2017




martes, 5 de septiembre de 2017

SECUELAS DEL FRÍO

Imagen cogida de acuarelaskubi.blogspot.com(Pinterest)






SECUELAS DEL FRÍO





Verdinegro el largo acecho de los pasos el cuervo infame del espejo y esas luciérnagas apretadas en las hojas del pecho: en la piedra del recuerdo solo las fechas ambulantes del humo y las aguas residuales de los poros y los dientes el animal inquieto de la niebla sin pronunciar palabra alguna en la infamia que propician las monedas el estallido ácido de las indefensiones (a veces únicamente me arrimo al relámpago hundido de la herida con todas las secuelas sordas del frío y el charco de ojos en la calle que ha dejado la lluvia)  —a veces sólo detonan las esquinas como viejos centinelas o nos vocea una lágrima desde los patios internos de la impaciencia con sus pómulos salidos de centella (habrá otros que siempre se rasguen las vestiduras) siempre uno es nadie cuando toda la luz ha sido arrebatada en lo dicho la lejanía se nos muestra inalcanzable con sus secuelas de frío y sin propina el día se me viene en pequeñas dosis de difuntos vivo en una tierra vomitada por cascabeles (uno ya no crece jugando al trompo y a la canica) nos traga esa otra preñez de la violencia las picadas de los mosquitos y los extravíos propios del incesto y el bochorno sin embargo uno sigue abriendo las palabras y sudando la gota gorda de las sabidurías tropicales —aquí pareciera que no hay salida: la ternura es hija ilegítima de los vacíos como lo es el candor roto del rocío y su telar de niño huérfano a menudo se ahogan los caites en los discursos en un éxodo de extrañas poluciones entre el disimulo y los falsos olvidos (uno acaba por confinarse en la desesperanza)  sobre el dedo de la piedra del poniente uno se come hasta las uñas del fuego las miradas siniestras de la mudez y el coro de osamentas de los ásperos metales al final a cada quien le toca lidiar con sus propios desatinos con la habitación fea del caracol dormido con las abejas de los agujeros con la precocidad de los despojos y con la fuga inevitable de los pájaros ignoro si esto es una bendición o solo remedo del infinito todopoderoso o solo una calle donde se está acorralado uno se olvida hasta de las bocas que fueron de la claridad que fue del niño que solloza en el sueño minúsculo de cama y grande de abismo…
Barataria, 2017

lunes, 4 de septiembre de 2017

PERTURBACIÓN DEL ABSURDO

Imagen cogida de Pinterest





PERTURBACIÓN DEL ABSURDO




A menudo las puertas son sólo la memoria del tiempo o la sombra traslúcida de tantas conjeturas que uno no alcanza a explicar esos trocitos de recuerdos nos erizan más allá de las rodillas o la costumbre en la lengua del umbral el monocorde del acta de defunción y los vacíos que abruman como una noche de solo teatro debo pensar en el vocabulario mutilado de los manantiales y en un espejo que ya no reconoce las infancias un baño de incienso para la docilidad de la piel un aquí extenuante y corroído por falsedades siempre las espinas hacen prolija la saliva como el río de tantos cansancios: en el ataúd de mi carne la noche y los rezos diseminados en el ambiente los trastos dudosos del libre pensamiento —¿quién persigue a quién el frío del filo o la desnudez ciega del fuego? hay que decir que el júbilo se nos da apenas en pequeñas dosis y entre tanto sorbo de polvo el agotamiento consigo del rocío en los pésames del horizonte anclan cuchillos amarillos: la calle es cómplice de tanta herida también las baratijas guardadas en el sombrero de la otredad existen complicidades que uno nunca acaba de entenderlas silencios como el sopor de la corrosión de la humedad en el hierro y torpes monedas tal las ofrecidas en la oscuridad o debajo de la mesa en medio de la consagración de las feligresías la razón es otro objeto de compra venta no menos que las bisuterías degradadas de la locura claro a menudo nos aferramos a las viscosidades de ciertos cielos al otro escombro del nido al mismo guijarro que nos volvió andrajo ya me he olvidado de avanzar en cuclillas pero no de tu flor arrebatada por el fuego no del flechazo en tu tórax no de la horchata mosqueada de la infamia no del humillo verde de tu hambre no del tambor de desnudez amenazada por la lluvia sorda de la niebla  —vos sabés que nunca el país dio para mucho: por eso desde el sueño abrazo el desabrigo de tu flor pese a todo lo que supone la indigencia y respirar a contracorriente el territorio los poquitos de esperanza en medio de tus muslos (en la geometría de los dedos el hangar de luz para el pastoreo esos retumbos de perros y dientes de la perturbación: el absurdo después de todo que tiene su magia y el ahogo de monólogos oscuros)
Barataria, 2017

domingo, 3 de septiembre de 2017

TIERRA OSCURA

Pintura de Richard Diebenkorn, cogida de Pinterest






TIERRA OSCURA




Sólo esta porfía de alcanzar la distancia a través de la ventana abrir el día o la noche con todos los nombres embalsamar los cuerpos que siempre esperan en la memoria: hay ruidos como una tormenta apagada de silencios puertas en las baldosas de lo pétreo y litorales de húmedos funerales hasta donde el ojo del sueño alcanza cambian de color las telarañas y los signos zodiacales del orden establecido sobre el hierro se erigen jardines de herrumbre y territorios posibles para fabricar la muerte en los pechos fósiles de las falacias la dilatada melancolía del suspiro en sintonía con el destello de proclamas ciegas en ocasiones solo las maniobras del viento lo salvan a uno alguna habitación en penumbra siempre que la cobija del imaginario nos vista (muchas veces me siento extraño en la República como para andarla sin remordimientos en el bolsillo en la duna de piel se hunden vagamente las manos y los párpados toda la tos seca de los trenes el cuerpo obeso de la indiferencia) con todo es horrible el animal amurallado que llevo dentro los suspiros y sus detonaciones los cuchillos a flor de piel dictando su sentencia o ese miedo siempre inédito de la primera desnudez: sobre mi epidermis un sollozo siempre es inconcluso aunque a veces traicionen sus escamas la cosmogonía ancestral de la agonía esas aglomeraciones proféticas de las palabras en tiempo de crisis todo es agreste para la sed lo es la corporeidad del fuego y su primitiva hechicería los prontuarios evaporados de la carne la cintura del ombligo en la tormenta: no hay existencia sin que se circunciden o desfloren las rosas de obsidiana la fisiología gélida de un discurso e inclusive de un vómito por eso de qué amores hablo sino de mi nacionalidad en cuclillas de mis manos de tus pétalos sísmicos de ese dolor clandestino de ser ángel y no un simple columpio de la sinrazón yo puedo amarte sin sexo todas las semanas beberte sin avergonzarme ser pez exiliado de tus aguas vos y yo compartiendo la misma cobija de la intemperie siempre limitados en el cariño alegres de soledades inmundas (mi pecho guarda todos los moretones de la angustia y la pereza que nos dejan los nombres muertos)…
Barataria, 2017

sábado, 2 de septiembre de 2017

ABLUCIÓN DE ESPEJOS

Imagen cogida de Pinterest





ABLUCIÓN DE ESPEJOS





En la ablución de los espejos no alcanza una vigilia de palabras ni es fácil hacer caldo de moscas ni desplomarse ahogado de huesos también el polen se quema sobre los rieles del paraíso siempre resulta miserable el pecho sórdido de algunos muelles el tabanco del estampido de murciélagos y ese rictus socarrón de plegaria en medio de la saliva gastada del desuso la pocilga violenta de las falsas sabidurías y su avidez de muladar a manera de post data la ceniza de los sueños colgando de los párpados como viejos ataúdes en ese engendro de los remolinos la depredación de los imaginarios la gloria del desarraigo y el escombro por si acaso de los ángeles: no conozco las abluciones matinales más allá de las argucias disfrazadas del tiempo de la ropa hecha jirones en el lagrimal del alba (recuerdo las pestañas sin mesura de la negligencia y sus ásperos tarros de barro)  —claro ningún sueño es sedentario: tiene esa vaga anatomía de trasplante y algunas alambradas donde hacen nido las hojas de la muerte uno lo sabe porque ahí no hay siemprevivas sino confusión de moho y delirio y un riel agolpado que nos advierte entre una multitud ciega roído de cansancio hasta la sed me parece un olvido o un nudo que acrecienta mi asfixia o un traje de insanias no hecho a mi medida: siempre procuro caminar sin advertir ningún adversario aunque crezcan en el pecho las desazones y las paredes se colmen de grafiti ¿Quién será la siguiente víctima después de todo? ¿Quién será manchado por las aguas servidas del grito?  Para mi sorpresa hay mañanas donde se funda la mugre y nos alcanza con su ociosa exactitud en la esfinge de la brizna uno puede leer los testimonios falsos de la deriva el remoto polvo de las telarañas esos tripulantes de crueldad excesiva la imagen del árbol deshojado nos lo dice también el ala sumergida y ciega el purgante de rapiña de los amuletos los días envinagrados de ciertos imaginarios (ojalá y después de tantas fisuras expelidas se liquide el disimulo y pueda de nuevo cobijar la infancia en el horcón desmedido de la tristeza todo es obcecado vértigo al punto que el cuerpo babea sus propias flaquezas para mis congojas el opio de los prostíbulos y aquellos burdeles en penumbra de mi adolescencia)
Barataria, 2017

viernes, 1 de septiembre de 2017

BAJO EL SOL DE NADIE

Imagen cogida de la red





BAJO EL SOL DE NADIE





Siempre en lo inasible encuentro las torpezas del poniente y esas agujas oscilantes de la saliva y los pájaros decapitados de la respiración: en los indicios del invierno se pierden las lealtades mientras el frío juega a ser sombra tras la ventana o falencia del bostezo me río de este mundo tan pequeñito de pulmones y de todos los bautismos con antorchas y de los vagidos oscuros de la notoriedad (me río sí es menester hacerlo enjabonado de tantas aceras hambrientas) uno sabe que despierta en medio de muchas concavidades y que no se es monedita de oro en la lucha de contrarios en la escritura mi único destinatario es el tiempo y sus veinticuatro dedos absolutos tampoco tiro los naipes para mi escritura después de todo uno tiene  que acostumbrarse a caminar en medio del humo y hacerle reverencia a las osamentas si algo queda entre manos es el sabor tetelque de algunos engendros y más de cierta lamentación por no alcanzar el infinito en la lección del día a día uno va derribando mitos ciertos universos de ponzoña y más de alguna dentellada de fósiles en el sentido del espejo habrá quien mire al trasluz entre su respiración y las rendijas entre la ceniza y lo incierto de un laberinto el tiempo acaba sacudiendo la propia imagen pero yo me eduqué en todo caso con los manuales de la orfandad entre un olvido y otro de despojos y tuve nombre desde siempre jamás fue en mi la usura al final acerté aunque siempre camine solo bajo el sol de nadie (de una orilla a la otra orilla de la noche me queda el aire y el blanco del origen del alba y los húmedos nombres que escruto en realidad uno sólo intuye el fuego o los desiertos que habrán de transitarse siempre he de caminar a través de la vena rota del granito no importa cuántas caídas tenga ni cuantos rituales hagan para anularme todavía debo caminar entre gemidos de frío avanzar a través de paredes insoportables despertar entre alambradas simular que ninguna advertencia crispa mi sosiego nunca es fácil el rostro que espera ni las axilas al cuello de los telegramas ni la costumbre del odio con su estafa descorazonada) lo peor es que siempre me digo: es cuestión de tiempo: todo es irrisorio…
Barataria, 2017

miércoles, 30 de agosto de 2017

ORATORIA DEL INCONSCIENTE

Pintura Juan Gris





ORATORIA DEL INCONSCIENTE



A don Víctor Manuel Cedolini



Al cabo una sombra carraspea sus propios estertores: en las mochetas de la puerta ese río ávido de letargos o aprensiones o ensimismamientos siempre es la misma ropa y el espesor de las alegrías invertidas después la herrumbre del descenso lo hermético y lo destripado en la fatiga entre los dientes el aire atontado de la respiración y el asco irrefrenable del vómito y la piedra indiscreta en el zapato y las astillas quebradas del aliento en los prontuarios del olvido uno nunca conjuga todos los aprendizajes ni usa el diccionario para ajustar las palabras a la noche tampoco se evocan los buenos modales a menudo los congelamientos se tornan procaces como el retrete prolongado del destiempo en el ronquido de lo insostenible se invocan tumbas y cementerios y esos otros objetos descompuestos de la ansiedad hay una soga de sudor al cuello definitiva en su textualidad de ahorcamiento cierta en su contrasentido de lo impensable pienso que a veces es necesario un psicoanálisis de pájaros un nicho donde se hunda el terror de los relojes claro en ocasiones es interesante estar en el limbo de las degolladuras masacrar los relámpagos o las ingles morder ese animalito sin mayores explicaciones dormir escapar cruzar las cuarenta noches de los fetos morder discretamente la indiferencia los años que todavía no se entienden y sudan de oratoria maloliente ahí en el sueño el dialecto de las manos y la cámara vacía de los cinematógrafos el inconsciente atiborrado de cuchitriles culpable de no sé qué callejones algo acaba en terror como las cucharas heladas en el frigorífico en vez de la caldera a la postre en el ojo siempre pervive la hambruna y esa úlcera de la tristeza comprendo no no comprendo la luz vigía del tizne la palidez honda del espejo el brote de hedor en cada rendija esas largas púas de los nudos de la insania si algo he aprendido es a huir de las prolongadas dentaduras de lo obtuso a no apagar la linterna cuando oigo la risita de los desperdicios encarándome como hijo pródigo después de todo lavo mis manos y tiendo mi ropa en la alambrada: en el interior de seguro siempre habrá ese polvillo de las pesadillas…
Barataria, 2017

lunes, 28 de agosto de 2017

TRAVESÍA DEL PRESAGIO

Pintura de Leonid Afremov, cogida de Pinterest





TRAVESÍA DEL PRESAGIO





Hacia el sueño que perdura los círculos del mar en la raíz inmóvil de la fronda del viajero en larga travesía el filo del fuego de los tiempos amarillos del escombro mi sombra o tu sombra en los funerales de la tormenta ciega escarcha en las ojeras de piedra de la historia con su nudo ciego (¡madre! sabe usted que uno descubre tantas cosas para luego subir los andamios del desengaño toda la verdad se nos agolpa violenta y mortal en el alma nada queda de la boca deseada ni de aquel cuerpo cedido a las manos) de caminar ciego en la noche con la demasía de las dudas asegurando las palabras las amenazas y esa necesidad de los olvidos en la realidad del olvido de la edad inquietante de la noche y su envidiable laberinto de techos mordaces de pijamas agazapadas en el sudor luego la fuga la piel imperceptible de las hojas que caen como un pañuelo sin nombre en las calles en lo infrahumano de las ventanas atravesamos el frío que suscitan ciertos patíbulos: el hastío absoluto del absurdo las jeringas los termómetros del otoño y el aliento arremolinado del viento rodeado de urgencias grises del espaldar de los recuerdos no hay nada que decir mis ojos son una decrepitud en medio del polvo quizás las fotografías de algún recuerdo doméstico ocultos el sinnúmero de objetos de la inercia los aleteos del melodrama como un goteo de presagios que nadie entiende todo se vuelve incomprensible: el silencio afila sus agujeros en mi boca el hipo casi compulsivo hiere la garganta ahí en el cuarto de las extravagancias postrado en las solapas del zaguán mirando los minutos que preceden al parpadeo a la nada o sólo a la imaginación en seguida un golpe y otro al cabo sólo es simulación la figurita de los trenes o los peces plomizos de la calamidad en los rieles del almanaque y a mitad del sueño el dorso transgredido del paisaje y los horrores que causan los dramas humanos: ¡Es absurda tu desnudez de penumbra! Absurdo el descenso físico del disfraz la falta de complicidad para salir del mundo real alrededor de tanta sombra descascarada está ahí ese cansancio sin balances y ese presagio de jirones que provoca la patria (por si acaso ya están contados mis últimos días en el nido de asfalto de los jardines malolientes)
Barataria, 2017

sábado, 26 de agosto de 2017

DESMESURA

Pintura de Charlotte Foust, cogida de Pinterest.





DESMESURA





Tal vez todo sea vacilación en esta hora de maullidos en horquetas de vieja sapiencia: uno camina de pronto junto a los zarzales del desprecio resulta fascinante cada ahogo del cuerpo junto a la premisa de lo impronunciable me imagino que la inteligencia es sólo una fiesta carcelaria en donde alguien muerde el imposible de los barrotes a veces no sirve de mucho cuando hay hartazgo en demasía cuando la piel de la mujer se te vuelve irreversible en la lengua del timbal y con su voluntad en punto muerde con premura y luego se torna  una pesadilla de cadáveres insaciables o un simple desvarío de aproximaciones letales  —antes de cualquier anulación prefiero la inteligencia del fuego con su sabiduría de espejo la suma momificada de los eucaliptos en el delantal voluptuoso de la tempestad ese descenso de pasajero a bordo en aquella boca movediza los gemidos profundos y sus copiosos obeliscos duele el cántico fúnebre del país y su cementerio de dolencias el festín volcánico de un mundo a cuestas yo el niño sospechoso de robar las migajas de tu cuerpo vencido sucumbir ante la discordia de la patria riendo en los sacrosantos pezones del disfraz casi como una virtud vandálica o heroica yo sé que al final todo es tiempo e intestinos y de seguro moriré en la turbulencia de tus ijares con todo y mis pesadillas carentes de psicoanálisis pero no bebo tus indecencias en el tarrito de peltre de la agonía o en la perdiz que llora bajo de ombligo en su ricura de ciénaga la deidad cavernosa del resorte y su embravecido delirio de saliva (luego confieso de golpe mi irracionalidad la inercia lo improbable el desvanecimiento la mueca la nada la perplejidad de la manzana las escaramuzas de los números el empujón de los equívocos el largo correrme en lo confeso sin compasión casi como en una guerra clandestina maloliente el vagido del humo de tabaco que insiste al juego semejante de la niebla salvo toda la precipitación el centro confusamente despeinado el tanteo de la puerta de las palabras cierro los ojos al demonio de los ecos y al sueño que aún gotea intermitentemente en ninguna parte hay tantas obstinaciones con en el abandono) la desmesura es apenas una hipótesis en medio de toda esta prisa que me sobrevive…
Barataria, 2017

jueves, 24 de agosto de 2017

INTIMIDAD DE LA AUSENCIA

Imagen cogida de la red





INTIMIDAD DE LA AUSENCIA




Todo se nos fuga en el equipaje de la noche mientras la mudez es hondo bisturí camino hincado a través de las esquinas del insomnio no sé si hay espejos que escondan la sangre de la historia al cabo todo es espera donde pulsan los ojos su aire ahuecado uno siempre va mordiendo los caracoles abisales de la deshora ahí donde también la arena anula los tantos nombres de la fuga: después de los pájaros de agua ardiendo en su cráter las distancias que se atreven a morder las rodillas y la nostalgia con la contrapuerta del pabilo de luz hacia amarillas bocinas de relámpagos a veces los minutos pueden ser duros e inconfesos como la piedra o el asfalto de soledad del aliento nadie puede después salir del pozo de alfileres de la deriva tampoco es viable asirse de la hoja temblorosa de lo irreparable: la sospecha y la duda son sólo un bisturí que nos piensa descalzos nunca es cosecha de peces ni pájaros si acaso obsesiva moribundia (ninguna paz nos llueve cuando hay hambre y carencia de fruto cuando los brazos taladran de ausencia y la memoria del destierro nos desvela) uno siente que muere el pecho (antes) reverberante siente los tejados amargos de lo incierto y el peso derrumbado de los sueños y el sepia de aquella luz que creíamos pétrea  —siempre hay corrientes que salivan venenosas como el hipo o los vacíos deglutidos del sudor sé que las puertas del destino son ciegas lo mismo la rama de viento en el tórax en suma definitiva solo recuerdo el libro dulce de lo cotidiano el almíbar dulce de la tarde llegado desde no sé qué tiempo descendido hasta andar conmigo quemando distinto el árbol del alma: en el armario del sueño las crayolas del alfabeto para armar otra historia quizá menos extraña a un corazón callado yo voy después de todo muriendo en cada deshora: un muerto más no hace la diferencia cuando el alma ya se ha ido y no hay huéspedes en el jardín  ni fulgor en los orificios de puntillas del adobe…
Barataria, 2017

martes, 22 de agosto de 2017

BALBUCEO DEL LAVABO

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BALBUCEO DEL LAVABO




Entonces ya se había anticipado el incendio de la niebla y el desequilibrio nos llamaba desde la fosa común de nuestros andrajos: era ráfaga la espuma entre los dientes precario ya el vilano para el milagro del vuelo desatino la piel en fuga de la lluvia atravesada en los ojos ahora sólo sé que balbucea el frío en los lavabos y que ningún camino por sí mismo nos saca del atolladero croan ahumadas todas voces la doble fila de la multitud de cuerpos feneciendo la lejanía fija del granito veo el temblor de las estatuas y la hoja que cae quemada de vértigo todas las miradas envinagradas de las sombras los pliegues de saliva colgando del asta con sus ángulos de llanto y de fondo los maniqueísmos del poder: la tormenta es desigual cuando tartamudea en los pájaros cava el agua hasta en los crímenes de todos los días en esas cercanías extrañas de los abrazos o en la herida abierta de las pesadumbres siempre es igual la inmolación de las ojeras a la esperanza cercenada y convertida en epitafios (ahora es como si caminara a través de un largo desierto: toda la turbiedad es parte del itinerario todas las certezas no caben en el pecho se hace el verano en la garganta se hace humedad cada una de las sombras: todo el camino era mentira después del vuelo de tu arte amatorio sí después aunque ya la falta de palabras se había hecho tile) en medio del aliento bañado de cadáveres nos alcanza el ojo de cieno (Joyce o Proust) en este instante donde todo me parece abisal no sé si pueda olvidarte en las palabras no sé si mañana o pasado mañana no lo sé todo el país duro en mi Nada toda vos en el umbral de mi esperma o en la inacabada geografía de la patria: te escribo con mi lengua todos los días aunque sé que la posteridad no nos sirve en absoluto al final siempre me obstino al molde los nichos avanzo apenas prolongando mis excavaciones: nunca pude estar despedazado y de rodillas mucho tiempo te lloraré como un pájaro enrojecido de tristeza perdido en los encajes de tu sangre
Barataria, 2017