domingo, 29 de enero de 2017

CAVIDADES

Imagen cogida de la red





CAVIDADES




En cualquier esquina de cavidades, bullen los días sinuosos de búhos.
Redondos caballos de gotas caen en los mapas devorados por las semanas.

(En el pozo de tus poros bebo los muladares de la carne
y las culpas juntas de los guijarros, y los agujeros que dejan los pájaros
sobre las losas.) Hay un tiempo mudo como mis ojos, meses muertos
y lenguas que devoran vacíos oscuros.

En mis párpados se desovilla tu ombligo: la luz, ebria en los contornos.
Las vértebras refractadas en los imposibles, hasta las aguas venerables
de lo íntimo. Basta la impudicia para morder ataúdes.

Me gasto en los ladridos de los perros, a veces con sarcasmo durante la noche;
en el cuenco de los absolutos las diferentes tipografías del aire,
el bulto del olfato como un juego macabro de mutilaciones y cadáveres.

Resulta compendioso fijar la mirada en un cementerio de ceniceros, apenas
con el despojo gris de las bragas arrugadas de las despedidas.

Cuezo lo imposible y abogo por lo venerable.

Pulso la brizna y toda la razón que tiene la autoerótica del rictus y su cara
a cara con las pupilas dilatadas de los cerrojos, con la adicción al gusto.

(Supongo que no existe mayor diferencia entre mis aullidos y las pesadillas
que provoca el fragor y la cocción sepulcral de los rituales.
Y mientras el sueño pervive, dejo que floree la herida. De cada insomnio,
mis manos invisibles en el sumidero de los peces o ventanas.)
Barataria, 04.XII.2016

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