sábado, 28 de enero de 2017

DIVAGACIÓN EN LA ESCRITURA

Imagen cogida de Pinterest





DIVAGACIÓN EN LA ESCRITURA




El espejo de la recámara superior, aquel de los veranos
De otro tiempo, la barca y la proa donde, simples,
Fuimos, nos preguntamos, en el sueño
De veranos que fueron breves como es la vida.
En aquellos tiempos
Fue a través del cielo que brillaba en sus aguas
Que los magos de nuestro sueño, retirándose,
Propagaban sus tesoros en el cuarto oscuro.
Yves Bonnefoy




El Contrapunto me resulta interesante en mi escritura, a través de él, transgredo la lógica del poema y me adentro en la boca viva que hay adentro. A veces resulta extenuante ese viaje de sigilos en medio de esquinas. Cada poeta se abre a sus vientos y a esa esencial aventura de labriego. Con todo. Nunca me fío de los vientos de la orfandad, ni de las sombras erosionadas en su plenitud. Todos los días tengo una cita con las palabras: me interesa siempre escribir al margen del pensamiento formal, —el poema, entonces, forma parte de mis convicciones. Procuro estar siempre al límite de la arcilla. En la vida de la escritura siempre hay arrebatos, armas, y vacíos como una maquinaria de frío intenso. Nada se extingue en la tempestad descalza del infinito; existen eminentes yugos en las pupilas, y otras formas que escapan de por sí, al raciocinio y entran al campo de la locura. El poema suele ser, también una expresión política ya como contenido, aunque se vierta desde un yo meramente emocional. En mi caso ahí está el énfasis, quizás la virulencia de un grito, los mismos íntimos desasosiegos. “Uno lleva la memoria de un funeral tras otro, sin que hayan cicatrizado/ las dilataciones: húmedos todavía los arbustos del sinfín, no vuelven / las inocencias, ni los milagros, ni siquiera las palabras, ellas se traspapelan/ en las lecturas remendadas de la extrañeza.// Voy arrastrando todas las alambradas que llegan hasta el cuello.// —Vos vaciaste todo el braceo inexplicable de los peces. Nos queman los hoyos/ del aliento, la fotografía abisal de la temprana fuga,/ los ahogos que han quemado tanto sin ninguna clase de disimulo, las viejas resignaciones: / ahora sé que es uno el que construye el sollozo.// Uno, al cabo, el suicidio de la dicha. Uno, al cabo, la agonía tetelque del paraíso./ —Hay cierta pulsión a inclinarme hacia el musgo. Allí mis manos confinadas/ al paréntesis, o a ese morirme en lo interminable.” Siempre un poema u otro texto, lo concibo como una realidad ficcional: es como si a la vida le arrancáramos cada uno de sus versículos, una experiencia para entender la realidad con todos sus énfasis. En cada poema uno va modulando las alegrías y las fatalidades, dependiendo de cuanta tierra cojan las uñas, o de cuántos años duelan las vértebras. Sucede que en mis zapatos se han ido acumulando los otoños, el sagrado suspiro de los acordeones, los relojes cansados de andar de los semestres, el humo dominical de los atrios, los hervores en el bolsillo de la muerte. Aprendí a cavilar el poema desde mi infancia, desde la incertidumbre, ascendiendo por fatídicos escondrijos y supurando miedos. Uno acaba por preservar ciertas concavidades, los inviernos inmisericordes de la esperanza, la sensación de un mundo que se cubre en las solapas de la niebla, el dolor como una máquina líquida de anulaciones. Tengo sobradas razones para inmolarme en el poema. Todo poeta a su manera lo hace. Todo poeta desde su propio barro, toda cercanía con el martirio. Migro de una palabra a  otra como si se tratara de nunca estar en el mismo sitio, como si la carcajada o el asfalto fuesen un cántico. Siego y hurgo en los juguetes, le tiro puertas a las telarañas, dilucido las distancias y las aguas inmundas que hacen feroces agujeros. A veces, sólo detengo el delirio en las paredes, en el aliento mantecoso de las ojeras, en los dientes gastados de lo irrefrenable, en los sexos con sus lamparones. En cuanto al poema, lo exonero de mis celestiales acompañamientos, chillan las tripas en su devoción de fallecimiento. Después me quedo espolvoreando cada una de las palabras, aunque las mismas trastabillen en mi pecho. 

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