miércoles, 18 de enero de 2017

ESCENARIO DEL VIENTO

Imagen cogida de la red




ESCENARIO DEL VIENTO




En los múltiples agujeros del follaje, esos manuscritos ilegibles del viento.
Cada boca arrima su retórica en las intemperies encendidas.
Al fondo, esas agudas zancadas de las sombras,
y su laboriosidad sin límites del tiempo consumado en la labranza.
Al parecer me toca imaginar la misma historia con los titubeos propios
del que alza vuelo cuando el alba resulta favorable.
Todo sabe a fugacidad, allí donde nada queda erguido. Allí donde la lengua 
aprieta la garganta,  hasta colmar de golpe los ojos, allí donde los pies
no alcanzan a urdir el camino, ni a detener el estrépito.
Ocurre que siempre uno anda errante.
Nada sostiene, después de todo, estos días infalibles de postrimerías.
(Yo ya he optado conscientemente por la locura. Y me resisto al culto
de la eternidad, al imperio de los ridículos, a los huecos enmohecidos
de los retretes, e incluso a la fe que tirita frente a una taza de café negro.
Ante la inminente noche, me queda el lugarcito de las pestañas y sus gruesas 
ojeras; me queda también como menester, razonar respecto del vello púbico
y su perfecto adviento, y su alada piel de espejo. Y su zona de arca.
Y su flor de invierno hincada en mi aliento.
Toda la ficción vale para un discurso, sin ninguna insinuación a trasmano.
Lo que no arrastra o hunde el viento, sabe simplemente a designio.
Vos, al parecer, cercenás mis sienes, hasta el punto, confieso, de sentirme 
extraño en este ebrio cuerpo, indócil y crucial como el tuyo.)
Barataria, 23.XI.2016

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