lunes, 9 de enero de 2017

INSOMNIO ABISAL

Imagen de Kenichiro tomiyasu





INSOMNIO ABISAL




Me hundo en el grito abisal de las ventanas y muerdo la escarcha que avanza
hacia mis insomnios: desde las diademas despeinadas de los peñones,
este otro lado de la hondura sin conciliar el sueño.
Hacia el espinazo del azogue, el fondo caprichoso de las oblicuidades.
Dilatadas las pupilas, uno trastoca también con desmesura las lejanías
que perciben las pupilas, los remolinos en círculos que hacen las hojas
cuando caen, los trenes descarrilados del antes.
En cierto modo, somos fieles testigos del tiempo,
del otrora rojizo de las herraduras y de los flujos aleatorios del tizne.
Debemos pensar si existe un estanque de patetismos en cada rostro último
de los dardos oscuros del aliento.
Nos hiere las sienes el pájaro negro sobre las baldiosas urbanas de la sed.
Crepitan las hormigas en su red  de saliva, estamos allí, bajo la sombra acallada 
de la tierra, entre antigüedades que no podemos descifrar.
Ya no recuerdo si hemos borrado todas las andadas, si llueve aún en aquel 
entonces, entre el celofán y el pozo de agua, entre los cogollos áureos
de los cipreses y la respiración líquida de la trementina.
Vacíos de sal se adentran en el paisaje crucial y onírico de sábanas cenagosas.
Este reino de nudos encrudece los absolutos de la materia.
Hay alfileres mortecinos y desvaídos, y pensamientos expuestos a los féretros.
Uno huye mientras el juelgo súbito apaga las esquinas de la brasa.
Dentro del sueño aleteamos como aquel pájaro ávido en la ventana…
Barataria, 14.XI.2016

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