viernes, 20 de enero de 2017

VIEJOS EMBARCADEROS

Imagen cogida de la red





VIEJOS EMBARCADEROS




En medio de lo apenas claro, algún pájaro perdido en la corriente de niebla.
Ignoro de cuánto tiempo está hecha la espuma, ésta ya resignación
de la madera, la ironía de todos los zapatos sedientos.
En las alambradas del sollozo, enrojecen de brazos las despedidas.
Ahora, únicamente, puedo recordar sólo el fantasma de ciertas palabras.
El calendario con frecuencia es una página antipoética, un nudo de romos 
equilibrios, un avispero con las propias desgracias.
Estos viejos embarcaderos acaban por ser más que mis insomnios,
más que todas las décadas juntas del espesor,
más que las pezuñas imposibles de los litorales, y la rigidez de la obediencia,
más que los crujidos alineados de los tropeles y sus encrespados ijares,
más que todos los días inocentes que posee el viento.
(Sólo trato de sobrevivir, para ello dejo que circulen las astillas.
Comienzo por decirle no a lo insólito. No sé si cambian las monocromías
del tiempo, estos párpados alrededor de la salmuera, las semanas ocurridas
en la piel, los ungüentos fijos entre paréntesis.
Entre tanto guijarro, el amasijo de los tos y los recuerdos, el oleaje desplomado
del pálpito, el salado chasquido de la saliva entre una boca y otra.
A veces es sólo cuestión de tiempo para dejar de arponear la madera,
apartar lo escabroso de las ventanas, dejar que las piedras invernen.
Pese a todo, nadie me dará una hogaza para cegar todo este dolor que pervive,
en los amontonados huesos de mi sombra.) Me zambullo…
Barataria, 25.XI.2016

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