miércoles, 1 de febrero de 2017

GRIETA DE LAS SOMBRAS

Imagen cogida de la red




GRIETA DE LAS SOMBRAS




Las sombras suelen ser máscaras perturbadoras que yacen congregadas
en los ecos del cuerpo y en los calendarios que arraciman los cuchillos.
Desde el acantilado de la grieta los bejucos de neblina ceñidos a los ojos.
Al caminar se desperezan todos los bullicios,
el país de los desequilibrios: se escucha de nuevo la hoja que arrastra
el viento sobre las aceras, el frío colonizado entre fósiles.

Nos azotan los recuerdos escindidos del deslumbramiento, las sombras
del cuerpo como erupciones despiertas en los costados.

Deambulan las ojeras junto a los merodeadores del destino.

(No hay razón, me digo, para quebrar espejos, ni colgarse de las astas
del viento, siendo que así se puede sodomizar la miseria, hablar de las calles
de postguerra, o simplemente volar con plumaje en mano.
Hay tantos imposibles que acaban en fuego o sombras en los lagrimales,
pero que no siempre se pueden explicar. Yo, aquí, buscando pretextos
para entender el paraíso. Uno deja de ser el mismo después de haber llovido 
tanto sobre el esqueleto. Duelen las grietas del aliento cuando están hechas
de todos los retumbos del mundo.
También cuando recuerdo el abrevadero de la ductilidad.
Vos, en esa larga muerte de la luz, aunque parezcan redundantes mis brazos.
Vos, en la urgencia quizás de un olvido para la costumbre de la tristeza.)

Nunca se regresa al espejo de fuego de la primera casa, sino a la orfandad.
A veces también los ojos arrebatan su propia desesperación…
Barataria, 08.XII.2016

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