viernes, 24 de febrero de 2017

INVIERNO DE VACÍOS

Fotografía de erikjohanssonphoto-cogida de Pinterest.






INVIERNO DE VACÍOS




Prófuga la ternura: siempre se marcha después de las tempestades.
De este lado de la realidad, siempre quedan los vacíos y su rasgado florecer
de sombras, y su diente de incalculable tristeza.
Uno lleva la memoria de un funeral tras otro, sin que hayan cicatrizado
las dilataciones: húmedos todavía los arbustos del sinfín, no vuelven
las inocencias, ni los milagros, ni siquiera las palabras, ellas se traspapelan
en las lecturas remendadas de la extrañeza.

Voy arrastrando todas las alambradas que llegan hasta el cuello.

—Vos vaciaste todo el braceo inexplicable de los peces. Nos queman los hoyos
del aliento, la fotografía abisal de la temprana fuga,
los ahogos que han quemado tanto sin ninguna clase de disimulo, las viejas resignaciones: ahora sé que es uno el que construye el sollozo.

Uno, al cabo, el suicidio de la dicha. Uno, al cabo, la agonía tetelque del paraíso.
Hay cierta pulsión a inclinarme hacia el musgo. Allí mis manos confinadas
al paréntesis, o a ese morirme en lo interminable.

Resulta que la beatitud por los vacíos, depende de lo hondo del pájaro en vuelo,
o de la tierra que nos ha sido confinada en la boca, del rincón que nos guarda.

(No niego, en realidad, que tengo alguna predilección por la herrumbre;
es raro, camino en medio de todos los jirones del invierno, entre la intensidad
de los venenos,  sin que haya resistencia a lo desierto.
Sin nadie que me lo explique, la anticuada esfera de los embudos,
o las exageradas cornisas del tartamudeo. )
Barataria, 03.I.2017

No hay comentarios: