miércoles, 8 de febrero de 2017

TÚNEL PROFUNDO

Imagen cogida de la red





TÚNEL PROFUNDO




(Todos los días sordos como costal de huesos entre fármacos. Las horas quebradas por el aliento, el cenicero pegajoso de la intimidad mordiendo las alas de los murciélagos o escupiendo sobre el dedo índice. Mientras se inmovilizan las palabras a dónde depositamos el encono, los sonidos escalofriantes de la oscuridad. Caemos hipnotizados en la armazón del aliento; luego regresamos del trance con los ojos bolsudos balanceándose en la irrealidad: desciendo al lugar donde llueven los ojos, el vacío llena todos los huecos de los días postreros.  Entre el muerto y el sepulturero hay una complicidad galopante de féretros; restriego el pulso mientras tanto, de la redonda convulsión de las paredes. En el túnel del miedo aúllan, empinadas, todas las bramas de los gatos domésticos. Usted entenderá que en los sueños, balbucean los rescoldos amarillos de la memoria, las tumbas de los vecinos, esas pupilas convulsas debajo de la cobija. En las monedas fúnebres del país, apenas la indiferencia de la paternidad de los sombreros, la gota de esperma sobre el estiércol, la diadema inalcanzable de la entrepierna, el encaje llovido de la última tormenta. A menudo hay palabras que no tienen tiempo ni alternancia, hay que darles un empujoncito para que se sacudan la modorra. Cuarenta resulta un número implacable para toda la hedentina del almanaque. Entre tantas confidencias, por cierto, dejan de endulzarse mis pupilas. Alguien, después, nos pasará la factura de la brasa encendida en la anatomía.) En tenso recorrido, la almohada empapa de espejos mis arrugas. Uno tiene que zurcir incesantemente todas las edades desnudas del reloj.
Barataria, 16.XII.2016


No hay comentarios: