viernes, 31 de marzo de 2017

DESENCUENTROS

Pintura de Ettore Aldo Del Vigo





DESENCUENTROS




Y ahora aquí, el río de sal mordiendo el bahareque de las postrimerías,
el despojo en la rama primeriza del cierzo, la frase hereje
que cuelga del cordel de la indiferencia, o del ardor violento de ciertas
intemperies: cada quien conoce su infierno y lo vive como puede.
La cárcel es una manera penitente de vivir la severidad de la sequía.
En el último peldaño de la gota, el desencuentro
con esas vanas estatuas de la historia, con ese prodigio del somos
casi religioso, aunque nada huela a su solemne pulcritud.

Nos desboca el bagazo derruido de las paredes y los letreros amarillos
de la hojarasca y el territorio obligado de los aguijones.
En este delirio de persecuciones inauditas, no conozco sino el campo
de batalla y los revoltijos de la locuacidad.
Oscuro el ombligo del pálpito, entramos a la hondonada de la fosa,
y a ese talpetate de huesos sobre la hojarasca: en los terraplenes del grito,
los habitantes fatuos del fuego, la ciudad traspapelada del destino.
A menudo nos cuecen el aliento con esos lagrimones de pequeñas brasas.
Siempre nos horrorizan los zancos del miedo y la condición de duro frío.

¡Sí, de pronto platicamos con las estatuas y el disimulo de la alharaca!

(De pronto, pienso en los ladridos de las sombras
y en el ruido encerrado de todas las noches al punto de decapitarme.
Confieso mis ojos desenterrados de los candados sin saciar el hambre.
Confieso mis bostezos sobre el maullido de los ruidos)…
Barataria, 2017

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