sábado, 1 de abril de 2017

BÓVEDAS SOLEMNES

Collagede Sammy Slabbinck, imagen cogida de printerest





BÓVEDAS SOLEMNES




Son bóvedas solemnes las ojeras de los cementerios, la historia insurgente
de la respiración, las proclamas de la hoja sobre el agua.
Del lado de la fosa los pedernales aniquilados del cuerpo, el sexo vacío
de los ojos, los tiempos aterradores a quemarropa.

Oigo el ruidito de la madera salpicar a dentelladas mis cicatrices.

Ni en zancos puede uno deshacer los nudillos de saliva de las aceras,
ni consultarle a un espiritista sobre las tantas convulsiones que aprietan
los párpados o la boca embriagada de los alrededores.

(Llueven todos los trenes habitados en el sollozo, debajo del picoteo sucio
de los cartones. Hay largas rodillas de quemadura en el ruego,
y húmedos balbuceos de tropiezos sobre el estiércol.
Desde siempre los días fugitivos en el cuerpo y la sangre: en las manos
del túnel lo desleído de las carpinterías oscuras, la rotura de lo irrevocable.
Para mis días siguientes, el inventario del reloj y alguna gota gratuita
de pájaros y el pavimento quemado sobre la gravedad de mis sienes.
En medio de la sombra garabateo la claridad, las palabras que nunca capitulan,
las semanas encendidas que siempre avanzan sin demora.
Todo sin embargo va creciendo en lo oscuro, lo informe tal vez
de los amarillos en el rostro, los taburetes oprimidos de las mordeduras,
o los endurecidos cadáveres de la blancura.)

Sólo falta un instante para arder dentro de las criptas. Sueño el olvido.
Barataria, 2017


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