domingo, 30 de abril de 2017

HOGUERA DE LA INTEMPERIE

Imagen cogida de la red





HOGUERA DE LA INTEMPERIE



Esta nostalgia nos golpea la sonrisa, el barro y las cercanías con las aceras.
Nos golpean las habitaciones divididas y la desazón que provocan
los insomnios y las convulsiones.
Entre el sueño y el horizonte nos muerden las hogueras de la intemperie.
Ahí hay sombras que deletrean los delirios y manchas que tambalean
como telarañas de los viejos sueños del desuso.

En la convulsión de los martillos, se agudiza el frío de las carcomas;
agita el pulso sus desérticos diccionarios de niebla.
Amarrado a este embarcadero de concreto, veo danzar las desesperaciones,
veo los zapatos de las sombras,
veo los pájaros licuados del pensamiento, los resumideros del duelo,
veo al que cae de bruces apagando sus ojos.

A menudo sólo el frío es la estrella que vemos en el firmamento.
Exasperan los ruidos que nunca duermen, las alambradas oscuras de la noche,
la sed que sin embargo nos golpea con su cercanía.

Muerdo el revés de las puertas y entreabro la penumbra enrarecida,
y contengo mi sangre ante lo inminente de la tormenta que se avecina.
Supongo que siempre se rompe la noche en mis pupilas.
Supongo que los esfínteres agrietan las palabras y distraen la boca
de ciertos naufragios. Lo otro es distante, salvo, el espejo propio.

No sé hasta dónde hieren las aceras, ni qué silencio cansado andan
                                                                                                                     [los relojes.
Barataria, 2017

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