viernes, 28 de abril de 2017

MEMORIA DE LA HOJARASCA

Imagen cogida de la red





MEMORIA DE LA HOJARASCA




En la memoria de la hojarasca, las aguas del olvido y su escoria,
y este oleaje de criatura en descenso llorando su propia lava.
Nos duele hundir la boca entre la reja, entre la sombra clara de la muerte.
Vivir es ir perpetuando de algún modo, los tantos silencios caducados
del fuego, el mismo viento de los muertos que la flama ha desvanecido.

En la hojarasca seca de la penumbra, todo el tropel de rodillas,
como una palabra desnuda en el umbral de la puerta o la fosa.

¿Acaso es así siempre sentir el aliento frío y el abrazo pálido ¨
                                                                                                     [del ascua sombría?
¿Es acaso otro invierno de alas heridas y aullidos como la brama?
Ya no sé cuánto habita en la memoria o se ha derramado en las zanjas
de este abrir los brazos aunque sólo se encuentre luto y nombres sucedidos.
No sé a quién llama el viento cuando toca a la puerta, el viento tembloroso
de la noche y sus ciegas semillas.

Sobre el promontorio de hojas secas, el firmamento cierra las razones.
Si pretendo dormir no duermo —nosotros que huimos del tiempo:
como el candil apagado, la brasa inerme entre mis manos, la fosa precisa
en su forma de imposible resuello, los trenes inmóviles.

Me inundan todos los enterramientos y sus humedades de cántaro roto,
los cerrados pezones del musgo, la magnitud seca de las raíces.

Ante el mutismo, me quedo con el rescoldo de la valija y sus malezas…
Barataria, 2017

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