sábado, 6 de mayo de 2017

CÁNTARO ROTO

Imagen cogida de la red





CÁNTARO ROTO



A Gregorio Muelas Bermúdez



En cada reino de sangre de la patria, el cántaro roto del cortejo.
Parece que el albedrío es una flecha tenaz: pone granito sobre pecho.
En la alta rama de la noche, el pájaro negro busca decapitar la sobremesa
de los días y propiciar mordidas a las puertas.

Mientras muerde la suerte de las esquinas, hurga en las costuras
del aliento, hasta convertir en demencia los caminos.

Uno ríe con la histeria propia de la espuma, uno se sumerge en el olvido.
Una luna postrera atraviesa la eternidad del granito.
Algo nos azota a través de las semanas.

Aquí la noche es una cicatriz perenne, un temblor de ropa sedienta.

Gastamos los zapatos de tanto trepar en la demencia: son enormes los túmulos
que nos provee el destino,
inmensa la ropa que envejece, contagioso el ijillo de los sepultados.
Hondo el trajín en el destierro del viento: nos destruimos en la anatomía
del país, entre velas y responsos y aullidos.

Siempre estamos en medio de los demonios que habitan ciertos laberintos;
allí, desafiamos la oscuridad y las osamentas que nos persiguen como arpones.
Uno calla sujetando la bragueta de las alucinaciones.
Siempre las feligresías tienen su propio púlpito a la hora de pensar
en altares o en el aire sin arrugas de la tierra.

Cuando la patria ha acumulado tantas torceduras, sólo nos queda pensar
en la elocuencia necesaria de los anfiteatros o en lo irremediable.
Barataria, 2017

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