miércoles, 10 de mayo de 2017

CONFÍN DE LO PROFUNDO

Imagen cogida de la red





CONFÍN DE LO PROFUNDO




En el confín de lo profundo, lo sombrío rutilante de los objetos,
el secreto a dos voces de los agujeros, las lámparas desnudas del follaje.

Sumisa de dolores la mesa e impasibles los comensales de la tarde:
sobre la sombra de la semana toda la ropa ahogada en el cuerpo,
la hojarasca como un sueño desolado,
las sagradas escrituras mordiéndome las vísceras, el invariable espejo
de lo postrero, las idolatrías flotantes y dulzonas y el lento animal de neblina
bajo el cual me cubro. Duelen las rodillas de lo desierto
y la larga estadía de mi cara colgando de sinuosos armarios.

Se estrían las gotas de sudor en el rincón de las cucharas del incendio.

Todos los sabores están en la cuerda floja de lo hirviente, en el diálogo
húmedo que confunde las habitaciones, en el ritual de los mendigos
que huyen de las uñas mortuorias de las aceras.

Desciendo a la zarza desteñida de las semanas, la luz cae oscura en el pecho.

La cavidad de la boca siempre es indecible frente a los golpes del estío.

Tanto ahogo en el mango de los cuchillos, en la lágrima descarnada,
en todos los retratos de aguja de los recuerdos.

Es inútil destruir todos los paraguas y más el infinito de los jardines.

Veo al pájaro amortajado sobre la flor, aquel pájaro menudo en la distancia.
Repito los pretéritos mojados hasta desembocar en el óxido de las escaleras.

Sí, pienso en el otoño de las estatuas y en alguna otra figura perseguida.     
Pienso en el viento para desasir las palabras o desoír el trajín de los abrigos.
Pienso en los ojos que nunca abandonan la demasía…
Barataria, 2017

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