miércoles, 17 de mayo de 2017

MUNDO FALLIDO

Fotografía de ERIKA MORILLO






MUNDO FALLIDO




Sin decirlo se agolpan en las paredes los ecos de un mundo fallido.
En las uñas hay trozos de granito como astillas de un árbol en constante
fatiga: son extrañas las rudas axilas del aliento, el endurecimiento
de las palabras, el camino de tierra esponjada de la historia.

En la undécima hora del deslave, lo inanimado cobra vida de mosca:
Zumban los trabajos falseados de la noche, las arrugas decrépitas de los clavos,
esta apretada tristeza hija única de los recuerdos.

Nos llueve el estrépito de la niebla y los torpes brazos que se hunden
en las osamentas, entre una noche y otra noche anónimas.

¿Cómo quitar la soga amarga a la geografía, aquella que nos arrastra
de cansancios, la misma que trepa con demencia de lluvia hasta el techo?

Sí, uno grita prolongando los sombreros abruptos de la inclemencia.

Descalzo de aliento no suenan las campanas, ni uno se atreve a desabotonar
la noche, ni a esperar la certidumbre de la propia sombra.

Todo tiene la misma intensidad a una gota de sal sobre la herida.

¿Quién duerme sin tener un pañuelo como compañía? ¿Quién no se extravía
alrededor de una ventana con su cuerpo ausente?

Desde el mundo anochecido, la muerte y su golpe inmóvil.

Todo es siempre igual para mis párpados desheredados de ojos claros.
Lo cierto es que hay una impostación de voces aferradas a la herrumbre.
No hay reposo: el moho eyacula para mantener su dominio de presa enjaulada.
Barataria, 2017

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