miércoles, 14 de junio de 2017

MEMORIA PERMITIDA

Imagen cogida de la red





MEMORIA PERMITIDA






Me he puesto a pensar en pasado mañana
y era como una tranquilidad, como un puente
bien tendido del mostrador hacia delante.
Julio Cortázar




Yo no quiero un corazón petrificado. No un corazón artificial.
No quiero el asilo ni el grito de la fiebre. No quiero el silencio
ni la limosna. No quiero el zumbido de la plegaria.
No quiero la sal sedienta de los cementerios,
no quiero el pretérito licuado de la hojarasca,
no quiero la asfixia confesa desde mi almohada,
no quiero los caballos subterráneos de la noche,
no quiero las moscas sobre mis harapos,
no quiero la mordida del granizo estrepitoso.
No quiero el galope desollado de mis poros,
no quiero fantasmas de viscosas sábanas,
no quiero la clandestinidad que robó mi Esperanza,
no quiero párpados caducos frente a mis pupilas,
no quiero la ternura en embases de coca.-cola o pepsi,
no quiero santuarios de alfileres,
no quiero paredes oscuras cuando amanece,
no quiero gemidos en la alcoba de los sueños,
no quiero herraduras mordiendo la lengua,
no quiero ojos torturados por el grafiti,
no quiero cementerios de tizne alrededor de la boca,
no quiero ingresar a la sonrisa con candiles,
ni al largo esqueleto de los náufragos.
No quiero la parálisis ingobernable de los jarabes. Ni la sospecha.
No quiero las hormigas junto al azúcar del espejo. Ni la sal.
Yo no quiero un mundo que sustituya el lenguaje de lo humano,
yo no quiero cordeles por brazos, ni cajas mortuorias;
yo no quiero recuerdos irreales en la servilleta de las banderas,
yo no quiero el espectro de las campanas,
yo no quiero el infinito y despertar sin caminos,
yo no quiero un banquete de cornisas con hollín,
yo no quiero la oración en el rito del gris,
yo no quiero fósiles duplicados en mis reminiscencias,
un río sin mayúsculas y suicidios.
Yo no quiero rostros a la medida de este mundo subliminal,
yo no quiero pócimas de peces putrefactos,
ni realidades con prótesis.
Yo no quiero corderos con máscaras,
ni grietas en la antorcha del bautismo.
Yo no quiero caracoles de árido pasto, ni cerraduras de ponzoña.
Yo quiero solamente madrugarle a la herrumbre.
Lavar mis zapatos encanecidos y tener una mesa que apriete
las cucharas y la mesa y una camisa innumerable de brazos.
Yo sólo quiero borrar la emboscada de los atrios,
Yo sólo quiero un tren con escaleras para subir al cielo,
yo sólo quiero un paisaje urbano de sonrisas, un segmento
de sol en los periódicos, un léxico sin dolores de cabeza.
Yo sólo quiero un País que me deje mirar los sueños sin fatiga.
Yo sólo quiero aquellas manos que traspasaron el césped
del murmullo, y los tobillos de la plenitud de los trenes.
Yo sólo quiero un mundo diferente: oler la tierra mojada
de los domingos, caminar alrededor de ventanas.
Yo sólo quiero una tierra con balcones y  puertas abiertas
y niños alegres en las aceras…
Barataria, 2009

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