viernes, 2 de junio de 2017

POSTALES DESLEÍDAS

Imagen cogida de Printerest





POSTALES DESLEÍDAS




Nunca acaba uno de migrar de la región incomprensible de la nostalgia.
Los despojos siempre están a la orden del día como la neblina.
De pronto nos muerde el delantal de la melancolía y sus ojeras inmundas.
Al cabo es así una lápida de muerto sostenida en las pupilas,
un coágulo de semen enmarañado en el exilio,
un no existir en los agujeros de la espera, en cuyo fierro duele la herida.
Salto sobre el filo de los andenes para herir mis deseos.
A quemarropa las fauces desplomadas de la muerte y sus candelabros.
Y esta locura que deletrea sótanos y cuevas.
Y estos polvorientos amarillos de los torbellinos, plumas ardiendo.
Y estos abismos que se dilatan en una gota de salmuera, lentas ramas de ceniza.
Es el mismo desoír del granito a través de los olvidos.
Soy el mismo adiós de todos los días que perece en sus cicatrices.
Cambio de lugar sólo para que se desvanezca lo amortajado del delirio.
Ahora acaricio las distancias en el bajo mundo de la hojarasca;
en el latido de sangre de los meses porque allí circulo consumiéndome.
Junto a la tarde, siempre, mis hombros y las desleídas postales de mi voz.
En mis manos abiertas, la antigüedad de los platos vacíos, la cara atravesada
por los nudos del hambre mordiendo las paredes.
Es la sed lo único disponible en el fermento cercenado de las sábanas.
Todo tiene sentido cuando se deshiela el reloj…
Barataria, 2017
Imagen cogida de Printerest

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