martes, 28 de febrero de 2017

PREHISTORIA DE LOS PÁJAROS

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PREHISTORIA DE LOS PÁJAROS




En la aguas dialectales de las hojas, las pesadillas crecidas de la sombra.
Existe también el tiempo vaciado en ataúdes, en criptas o cavernas.

Desde antes, quizás estaban muertas las palabras y sus nuevas muertes
golpeando el crepúsculo, y sus oídos de cerradura oscura.

De piedra el camino y el grafiti, la trinchera del viento al cuello;
en un punto, el tintineo de las osamentas, amoratado el aliento
hasta la extrañeza pálida del invierno y su rastro.

(En las larvas del picotazo, el tiritar avasallante de los pájaros, el país
rupestre de las pupilas en la intemperie, las hechicerías alrededor
de las grutas, la obsidiana reducida a ceniza.
En las cercanías del aliento, nos indigna el moho, las promesas de ceniza,
la escarcha quemada de las alas. A menudo hay silencios profundos
en los ojos, silencios reducidos al sigilo, silencios inmóviles.
Sobre los cipreses huyen los vuelos, antes que se congelen las jaulas.
En los colmillos del ruido, feroces las bocanadas de desaparecidos.
Se amarillean los agujeros de mi respiración.
Estornudo todo el polvillo del miedo y la oscuridad; golpeo las cáscaras
del miedo, cortejo las tenazas de los alacranes, veo el cortejo
de las tarántulas y los espejos pulverizados de lo inefable.
En el trueno de la embriaguez, los nahuales palabrean el fuego.
Cerca de los tijerazos de las sombras, es bueno cortar los reumatismos.)
Barataria, 07.I.2017

domingo, 26 de febrero de 2017

LENTAS TEMPESTADES

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LENTAS TEMPESTADES




(Aun guardo las tempestades del rocío lentas tempestades del aliento en los remordimientos del cántaro frenético de los vestigios lentas y opacas tempestades del grito de la muerte la saliva herida del quejido los brazos de pájaros decrecidos en el pulso lentas ebulliciones del fermento lentas lentas lentas las voces inmovilizadas en los rincones del humo la polilla la herrumbre a ratos golpean los tropezones de la ciénaga las astillas de la perversidad de aquí la boca en sigilo y la turbiedad de los ojos y los montoncitos de monedas cayéndose de su propia torre bizcos los calcañales del tiempo muerden los pliegos de hojas secas y las tantas suposiciones que uno hace sobre la hojarasca son casi monótonas cada una de las palabras de la huida el sudor de la hilaridad de los juguetes las cáscaras de la angustia en un cigarrillo de estornudos me resulta inexplicable cierta parsimonia en el humo denso acorralado en la almohada me resulta extraño el imaginario sin ficción los días invertidos de cerraduras con un álbum de niebla encima sobre mi cama la lentitud violenta de mis sábanas o la fatalidad insípida de morder los desgarrones de la extrañeza siempre el apetito tiene su parte engañosa: la indigencia muerde los cordajes de la brújula el mapamundi de las aguas derretidas la lluvia impávida de serpiente alrededor del silencio más desesperado siempre es desigual el viento entre mis dedos el pantano se enrosca en mi aliento igual muerde mi arcilla y mis remordimientos mis ásperos ojos de granito mi aliento de flama sobre la pared de la noche al cabo todo es tempano de sombras la historia que me construye y separa de los sueños el extravío de nacer y después huir perseguido por el suburbio de entrelíneas de las bocas por esas roturas nefastas de la espera)…
Barataria, 05.I.2017

viernes, 24 de febrero de 2017

INVIERNO DE VACÍOS

Fotografía de erikjohanssonphoto-cogida de Pinterest.






INVIERNO DE VACÍOS




Prófuga la ternura: siempre se marcha después de las tempestades.
De este lado de la realidad, siempre quedan los vacíos y su rasgado florecer
de sombras, y su diente de incalculable tristeza.
Uno lleva la memoria de un funeral tras otro, sin que hayan cicatrizado
las dilataciones: húmedos todavía los arbustos del sinfín, no vuelven
las inocencias, ni los milagros, ni siquiera las palabras, ellas se traspapelan
en las lecturas remendadas de la extrañeza.

Voy arrastrando todas las alambradas que llegan hasta el cuello.

—Vos vaciaste todo el braceo inexplicable de los peces. Nos queman los hoyos
del aliento, la fotografía abisal de la temprana fuga,
los ahogos que han quemado tanto sin ninguna clase de disimulo, las viejas resignaciones: ahora sé que es uno el que construye el sollozo.

Uno, al cabo, el suicidio de la dicha. Uno, al cabo, la agonía tetelque del paraíso.
Hay cierta pulsión a inclinarme hacia el musgo. Allí mis manos confinadas
al paréntesis, o a ese morirme en lo interminable.

Resulta que la beatitud por los vacíos, depende de lo hondo del pájaro en vuelo,
o de la tierra que nos ha sido confinada en la boca, del rincón que nos guarda.

(No niego, en realidad, que tengo alguna predilección por la herrumbre;
es raro, camino en medio de todos los jirones del invierno, entre la intensidad
de los venenos,  sin que haya resistencia a lo desierto.
Sin nadie que me lo explique, la anticuada esfera de los embudos,
o las exageradas cornisas del tartamudeo. )
Barataria, 03.I.2017

miércoles, 22 de febrero de 2017

ROSTROS INSÓLITOS

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ROSTROS INSÓLITOS




En la carcoma defectuosa de los líquenes, nos estremece la destrucción
del rostro y el castillo de naipes con recuerdos desvanecidos.
Hay deseos de encapuchar tantos olvidos. Deseos de párpados desinfectados,
altas voces de la culpa vaciadas en el grito.

Uno agarra, —a veces—, pedacitos del calendario para endulzarnos.

En medio de un montón de estampitas con ojos difuminados,
el éter desvanece los sombreros del ansia, las congojas largas de las escobas.
La lengua se ha vuelto corrosiva en la oscuridad que la alimenta.

Todo se va haciendo noche en los ojos, en los brazos, en la pala y el martillo.

Siempre resultan imborrables las llaves del cierzo en mi analfabetismo.
Ignoro, por otro lado, adónde van los trapos viejos del aliento,
las estrofas de neumáticos, la naftalina arrimándose a los mocos de los niños.
De nuevo me encasqueto en el subibaja de las encrucijadas y silencios.
Los ojos en tanto abiertos, arrastran y verbalizan la hojarasca.

(No existe conmiseración ni siquiera en los aburrimientos. En la nicotina
del pezón, el corpiño se aferra a la negación de la demasía.
En los días posteriores, deberán lavarse ciertas palabras, o usarlas
para hacer simulacros, arrullar con las la manos el ojo ardido de la sed.
Uno nace en ese punto de impacto con la lengua.
Me río de mis propios ensimismamientos, de las muchas castraciones
y mitos, de todas las horas malas y del montón de filos oxidados en la carne.
De todo hay que huir, excepto del fuego. Aun de esa otra parte del mundo
que se llama nostalgia y que nos da golpecitos en la estupidez.)
Barataria, 01.I.2017

lunes, 20 de febrero de 2017

ESPESURA DEL OCASO

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ESPESURA DEL OCASO




A la puerta de la memoria, los pedacitos de infortunio colgando del aire.
En el aliento helado de la niebla, las ventanas todavía persiguiéndome:
la historia allí, habituada a la barbarie. Y  los intrincados brazos
de las estatuas. La noche es pétrea en su rodaja de cielo.

Los ojos de las lápidas y los sarcófagos, murmuran frente al nudo del vaho.

Tal como son las cosas, la oscuridad es densa en cada ahogo, en el pez
de las manos, en la semilla que da pie al árbol.

Uno, de a poco, va como el símil que parpadea cuesta abajo, clamando
por los recuerdos, o por otros imaginarios.

Ahora están concentradas en la conciencia todas las dilapidaciones.

Hartas son las palabras oscuras y cansadas de todos los fantasmas condensados
en las luciérnagas: duelen los ojos de tanto expatriarse.
Duelen las manos abriendo uno por uno los retretes y el enorme candado
de la hediondez, y la fidelidad —sin desquiciarse— de uno mismo.
A ratos, sólo las pestañas y sus ansiedades, el denso país del ocaso.
A donde uno va de seguro hay tropezones.

Como no duerno, veo caer la noche sobre mis cobijas de intemperie.
Dentro de unos días serán objeto de presunción de inocencia los maniquíes,
las palabras que se esconden en los bolsillos, las esponjas empapadas de sudor,
o las bocas caricaturescas del folclor nacional.
Después de todo, siempre la fiebre del sueño me llega a deshora.
Barataria, 29.XII.2016

sábado, 18 de febrero de 2017

DESENCUENTRO ÚLTIMO

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DESENCUENTRO ÚLTIMO




Titubeo, tal vez, frente a los extravíos de mi propia caligrafía:
he aprendido que la historia está hecha de desencuentros, de un nosotros
sin dueño, salvo el minuto suplicante de la huida.
Sólo hay en cada juelgo que respiro, aquellas escupidas que la realidad
avienta mientras duelen en el costado las pesadillas, o los aserraderos afiebrados de las palabras, o los clavos admonitorios del ahogo,
o el lóbrego reumatismo del granito.

Pasados los bostezos vienen los horrores irrestañables de la castración.
Llaman las culpas y los carros fúnebres: uno apoya el desánimo
en los dedos de la saliva, en los codos del pulso, en el polvillo
de la temperatura: las alas o el reloj siempre están en mis desencuentros,
desperezan los demonios mientras estiro mis canillas.

En el suburbio de mis calcetines, las roturas todas del aprendizaje.

Me harto como toda la gente de los ojos, me harto de las costumbres
y sus paredes aledañas; el caos no es mi único recuerdo,
sino el chillido de los acantilados, las fotografías de familia, el rostro
que me roba los suspiros: yo, náufrago con mis juguetes.

Sobre mi sienes, el escalpelo no sólo del viento, sino del bulto del grafiti
y sus orificios, del alma menguada debajo de las sábanas.

En la coz del hedor, se enrosca la noche y sus raíces pegajosas.
Así como en los sueños muero de cansancio. Muero de Dios, irónicamente.
Barataria, 27.XII.2016

jueves, 16 de febrero de 2017

AIRE VICIADO

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AIRE VICIADO




Después de todo, los rincones del país huelen a ese aire viciado de la polilla
y las promesas. Es el nunca llenar los agujeros del humo, ni la sombra
que habita las ventanas. Todo allí se precipita: el horizonte, el infinito disfrazado, los mausoleos de la indiferencia.

También hay teatro en la profanación de las ojeras.

Hay delirios que debemos soportar bestialmente como el espectro
de los desaparecidos: el tiempo es otro adicto a las pesadillas y a la euforia
ávida de los espejos. Todo es perverso a la hora de masticar el trópico.
Allí los sostenes yertos sobre la abertura de lo incontable.

A fin de cuentas, siempre debo soportar algunas apariciones de tumbas,
ciertos paraguas de féretros, el testamento con perennes jadeos.
Me conmueven los objetos perdidos dentro de la almohada,
la encogida de hombros cuando atardece, el pájaro rimado de la mueca.
En la frontera de la mollera, los golpes ineludibles.

Uno encuentra los absolutos sólo en el hedor, o en el resfrío, o la agonía.

Igual es horrible todo el aire de las sombrillas sin escarnio.
Las tonalidades de lo real contrastan con la esperanza.
Hay una cárcel en mi  pecho desatada de luciérnagas, con pudicia
y sin paréntesis. Seguro que cualquier paranoia puede conducirnos al vacío.
Ya antes he entrado al ombligo atardecido de la rosa y he mordido
la noche tardía y lavado los platos sucios.

Al parecer adentro de la esponja, poetizamos la pulsión del fuego y el espejo
lumpen del gris de todos los cielos. En las plegarias hay otras páginas de frío.
Barataria, 24.XII.2016

martes, 14 de febrero de 2017

JERIGONZA

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JERIGONZA




Desclavado el aire de las sombras nos queda la jerigonza de los dinteles.
El granito de las calles es ininteligible como las enredaderas endurecidas
del sollozo, como los puntos suspensivos deducidos de la culpa.

¿De qué relojes partimos hacia el frío?
¿De qué muertes se nutren cada día las puertas de los cementerios?
¿De qué lenguaje están hechas las degolladuras, la intimidad en su guacal
de penumbra? Ahora se me ponen los pelos de punta.

No es raro sentirse aludido cuando otros empiezan a delirar y silabean
su fiebre tal un fósforo roto en una calle terrible.

No entiendo el final al que aspiran los relámpagos ni los tantos estornudos
que acumula un pañuelo, ni a la fea actitud de ponerse sentimental.

¿Sueña, —después de todo—, el pájaro en su agonía cotidiana?
Para mí solo es comprensible el duro oficio de los candiles. Nada más, claro.
Llevo amaneceres aleteando de horror.

¿Quién me explica la buena suerte sin que sea sólo metáfora la castración?
(Al margen de todo lo dicho, el íntimo trastorno irremediable que me causa
la cópula, esa imantación vibrátil cuando te alumbro en medio
de bocanadas electrizantes. La lengua allí deja sus lamparones sepulcrales
de espantapájaros. En el momento dialectal del evangelio,
de lo único que no podemos hablar es de números financieros.
Al cabo, en la alternancia, vamos recreando los puntos que emergen
del quebradizo silencio de las palabras. Vos y yo entendemos nuestro crimen.)
Barataria, 22.XII.2016

domingo, 12 de febrero de 2017

BLANDOS PÁJAROS

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BLANDOS PÁJAROS




Sólo el silencio y los blandos pájaros del aliento, en este sonido de luz de la hojarasca. A ratos nos hunde en su fosa la humedad de la flama y su destello estático de sobrevivencia. Detrás del jadeo, la historia cúlmine de la alta noche y la demencia sobreevaluada de la esperanza o el paraíso. (Muero de cirios alrededor de mi cuerpo; muero de pájaros de incienso, muero en el cenicero de tantas bocas, encima de los cadáveres con su talón de Aquiles roto. Nunca hablas de la catástrofe de las semanas, del cuenco agotado de la flor, del aire que nos golpea y enceguece, de tu astilla de sexo clavada en mis sienes.)  Sólo el infierno y sus habituales habitantes y el deseo de oler las ingles y todo ese lío de psicópata frente a la nuez. El frío resulta increíble en el azúcar de la noche. Para maullar sobre el muelle henchido, mi alma perdida en búhos y cuervos.
Barataria, 20.XII.2016


viernes, 10 de febrero de 2017

INSTANTE DE ESPEJOS

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INSTANTE DE ESPEJOS




En las cicatrices que nos va dejando el tiempo, no existe póliza alguna,
sino una voz arracimada y ensombrecida, mutilada en sus ecos.

Toda la polilla que destilan los espejos, tiene esa lenta sequedad de baldosas.
Todo el puño de vocales del aliento, es un calambur anisado de ventanas,
o un pedazo de fuego que arrecia con el viento.

A veces es sordo el frío que se arrima a los poros, estrecho como el palabreo
del país, dudoso como los cementerios aledaños al vecindario.
Los párpados vacían la palidez de los aromas cercanos al mundo del abismo.
No me imagino otros espejos a esta oscuridad devota de las espinas.

La alegría también suscita goterones como los techos sajados por el invierno.

Las begonias tienen su propia perspectiva, algo así pasa con las braguetas,
con la escupidera de los números,
con los asilos sobrecargados de la respiración,
con el hoy, aquí, adormecido de los esqueletos y el zoológico del trasunto.

En los piojos de las postrimerías, uno abre la morfología de los sobrenombres,
y ese pañuelo donde bautizamos la salmuera.

La historia retumba de incensarios sordos y acólitos, de guacales con arañas
donde se bautiza cada atisbo de futuro. Florece el acomodo,
o ese momento célebre de rapiña y artificios libidinales y esa ganas de morder
la carne hasta llegar a lo inevitable: el vuelo derretido, la mosca masticada.

Uno escucha a la almohada y al silencio, después, como un entierro.
Queda dicho, entonces, en dónde es que se siente la última lágrima.
Barataria, 18.XII.2016

miércoles, 8 de febrero de 2017

TÚNEL PROFUNDO

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TÚNEL PROFUNDO




(Todos los días sordos como costal de huesos entre fármacos. Las horas quebradas por el aliento, el cenicero pegajoso de la intimidad mordiendo las alas de los murciélagos o escupiendo sobre el dedo índice. Mientras se inmovilizan las palabras a dónde depositamos el encono, los sonidos escalofriantes de la oscuridad. Caemos hipnotizados en la armazón del aliento; luego regresamos del trance con los ojos bolsudos balanceándose en la irrealidad: desciendo al lugar donde llueven los ojos, el vacío llena todos los huecos de los días postreros.  Entre el muerto y el sepulturero hay una complicidad galopante de féretros; restriego el pulso mientras tanto, de la redonda convulsión de las paredes. En el túnel del miedo aúllan, empinadas, todas las bramas de los gatos domésticos. Usted entenderá que en los sueños, balbucean los rescoldos amarillos de la memoria, las tumbas de los vecinos, esas pupilas convulsas debajo de la cobija. En las monedas fúnebres del país, apenas la indiferencia de la paternidad de los sombreros, la gota de esperma sobre el estiércol, la diadema inalcanzable de la entrepierna, el encaje llovido de la última tormenta. A menudo hay palabras que no tienen tiempo ni alternancia, hay que darles un empujoncito para que se sacudan la modorra. Cuarenta resulta un número implacable para toda la hedentina del almanaque. Entre tantas confidencias, por cierto, dejan de endulzarse mis pupilas. Alguien, después, nos pasará la factura de la brasa encendida en la anatomía.) En tenso recorrido, la almohada empapa de espejos mis arrugas. Uno tiene que zurcir incesantemente todas las edades desnudas del reloj.
Barataria, 16.XII.2016


lunes, 6 de febrero de 2017

SOMBRA DE FÉRETROS

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SOMBRA DE FÉRETROS




Después del esbozo, la constancia aprendida de la sombra de los féretros. Soy, en cierta manera, un ademán de eso: la escritura sodomizada de la memoria, la hipodérmica del pájaro de los placeres y ese rocío íntimo, sentimental de los periódicos. A veces me justifico invocando a los espíritus del más allá, una ameba de luz entre los párpados, enrollados los pensamientos en los aperos de los psiquiatras. A ver, ¿oye el altísimo los estruendos de las letras mayúsculas, el alegrón de estío que dan las bragas? Los orgasmos junto a la cafeína de la ventana, tienen esa relectura de las sábanas. (Siempre hay momentos definitivos para los ataúdes posesos de la boca. En el caballete del ijar, las instantáneas de la medula espinal, el centro nervioso de tus entrepiernas, el ocre reverberante del espejismo. Los témpanos agrios del paraíso saben a miel, a raros orgasmos y descorazonadas aguas.)

La hilaridad de los féretros causa desenfado, sobre todo en un país donde todo es tribuna y estropajo para rozarlo sin descanso a través de los sueños. Juro que nunca han sido prematuras las oscuridades de los sarcófagos, son parte de los juegos obedientes al miedo…
Barataria, 14.XII.2016

sábado, 4 de febrero de 2017

VENDAS NAUSEABUNDAS

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VENDAS NAUSEABUNDAS




Largas como el pañuelo de la noche, las vendas de sal de los sollozos. Arrecian, ahora, las pesadillas de la antesala inusitada de los caracoles. En la oscuridad de la almohada, espuelas, molduras y guacaladas y el lamparón alado de las sombras en los cuerpos flagelados de sonidos que provoca la desgracia. De todo, ruedan mejillas y párpados sobre el amotinamiento de los retortijones. (Las máscaras postreras no lo dejan a uno agonizar, ni ganarle en especulaciones al tiempo, ni renunciar al cenicero del otro lado del disfraz. Uno no puede desviarse de la culpa tramposa de los sueños húmedos, del azar agachado de las poluciones, o de la toxicidad material que poseen los alacranes.)

El pájaro de poca fe se deslengua en el intento punitivo del olvido. Cualquiera sabe de los resuellos de la asfixia y de la tomadura de pelo, fecunda, que posee la meditación más profunda al punto de quemar la tinta en un pezón.
Barataria, 12.XII.2016

jueves, 2 de febrero de 2017

INFINITA SED

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INFINITA SED


A Grace B. Castro H.


De seguro en algunos brazos encontraremos la eternidad hasta que la dulzura tenga sentido en el río tendido de nuestro pecho. Entre el delirio y el tapiz, tintinea inconfundible la brisa. A veces la infinita sed ciega, aunque exorcicemos el inmenso frío que despierta en el alba casi como un exterminio. Sueño en todos los desiertos delatores de las dunas, en la noche disfrazada de cárcel, en los alquileres interminables de la historia. De tanta sed o sueños, uno se quisiera colgar de un retrete o morder una bacinica en lo posible. (No siempre tengo que estar al pendiente de la pulcritud de las palabras; no sé dónde juega a ciegas la obediencia; no tengo ni idea de las ventanas destrozadas por el hastío, o por el estallido del cinismo, tan común en nuestro tiempo. A veces quiero renunciar a las posibilidades que me ofrece el mudo contagio de la rosa, y hacer que su doliente olor no sea respirable.)

Contra toda mi sed, la parodia de los ahoras azuza esta humedad de pájaro que sólo conozco por su tiempo.  Ante las destelladas, me atrevo a cambiar el sudario de las carnicerías.  Truenan los evangelios del granito y los reveses del fuego en el paraguas.
Barataria, 03.I.2017

miércoles, 1 de febrero de 2017

GRIETA DE LAS SOMBRAS

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GRIETA DE LAS SOMBRAS




Las sombras suelen ser máscaras perturbadoras que yacen congregadas
en los ecos del cuerpo y en los calendarios que arraciman los cuchillos.
Desde el acantilado de la grieta los bejucos de neblina ceñidos a los ojos.
Al caminar se desperezan todos los bullicios,
el país de los desequilibrios: se escucha de nuevo la hoja que arrastra
el viento sobre las aceras, el frío colonizado entre fósiles.

Nos azotan los recuerdos escindidos del deslumbramiento, las sombras
del cuerpo como erupciones despiertas en los costados.

Deambulan las ojeras junto a los merodeadores del destino.

(No hay razón, me digo, para quebrar espejos, ni colgarse de las astas
del viento, siendo que así se puede sodomizar la miseria, hablar de las calles
de postguerra, o simplemente volar con plumaje en mano.
Hay tantos imposibles que acaban en fuego o sombras en los lagrimales,
pero que no siempre se pueden explicar. Yo, aquí, buscando pretextos
para entender el paraíso. Uno deja de ser el mismo después de haber llovido 
tanto sobre el esqueleto. Duelen las grietas del aliento cuando están hechas
de todos los retumbos del mundo.
También cuando recuerdo el abrevadero de la ductilidad.
Vos, en esa larga muerte de la luz, aunque parezcan redundantes mis brazos.
Vos, en la urgencia quizás de un olvido para la costumbre de la tristeza.)

Nunca se regresa al espejo de fuego de la primera casa, sino a la orfandad.
A veces también los ojos arrebatan su propia desesperación…
Barataria, 08.XII.2016